¿Volver a encontrar el equilibrio en tiempos de pandemia?

Escrito por el marzo 19, 2020

En tiempos de pandemia el aislamiento y la observación parecen ser el único antídoto para la propagación de la misma. Italia, como sabemos es el centro de atención en torno a la pandemia del coronavirus. El pueblo italiano está actualmente bajo aislamiento completo con el fin que de que siga multiplicándose la crisis que enfrenta. 

En medio de esta situación han surgido movimientos como #yomequedoencasa y reflexiones que trascienden en cómo se encuentra nuestra sociedad global, una en la que todos nos afectamos unos a otros. 

Vivimos en un mundo desequilibrado, fundamentalmente por el excesivo consumo de recursos naturales y por una filosofía basada en la felicidad hedonista, en el consumo y en una ausencia total de conciencia moral. 

La sociedad cultiva la adquisición y la acumulación de bienes materiales bajo la falacia de satisfacer deseos, placeres que nos alejan de la riqueza interior y que fomentan la pérdida de valores tradicionales. 

¿Por qué resaltar lo obvio? Admitámoslo es difícil aceptar este tipo de hechos, es hiriente sabernos conscientes del deterioro ante el planeta, la sociedad, pero sobre todo de nosotros mismos. Sin embargo, es importante recordarlo, puesto que en las próximas semanas nos veremos obligados a pasar tiempo en algún tipo de aislamiento, quizás unos menos que otros, pero eso sí, sin acceso a algunas de las cosas con las que llenamos ese “vacío” existencial y que medios de difusión o ideologías impulsadas por la publicidad nos imponen. 

La psicóloga francesa Francesca Morelli, ha hecho referencia en los últimos días que debemos ser capaces de saber estar solos y en silencio, sin entrar en pánico. Pero ¿por qué le tememos tanto a la soledad? nos da miedo reflexionar, pensarnos a nosotros mismos, más en un lugar en donde la adquisición de placeres banales es tan sencillo, tan sencillo como salir a la tiendita de la esquina, a la plaza más cercana o la proximidad de un clic. 

Debemos ser aptos para valorar todo aquello que se nos olvida tras la persecución de ese ideal de “producir” con tal de “poseer”, como la familia, el eje fundamental de la vida humana. 

Aunado a ello, en un plano global, debemos ser conscientes de hacer una transición a una economía no basada en el crecimiento desmesurado, en la que se predica el consumo sin ninguna reserva. En algún momento -y ya lo estamos viendo- habrá una deceleración económica inminente y es probable que esta deje de ser tal y como la conocemos. 

Ante ello, dejo una pequeña reflexión de Morelli y sin más espero que sirva como apoyo para los días que vendrán:

“Creo que el universo tiene su manera de devolver el equilibro a las cosas según sus propias leyes, cuando estas se ven alteradas. Los tiempos que estamos viviendo, llenos de paradojas, dan qué pensar.

En una era en la que el cambio climático está llegando a niveles preocupantes por los desastres naturales que se están sucediendo, a China en primer, se les obliga al bloqueo; la economía se colapsa, pero la contaminación baja de manera considerable. 

En un momento histórico en el que ciertas políticas e ideologías discriminatorias con fuertes reclamos a un pasado vergonzoso, están resurgiendo en todo el mundo, aparece un virus que nos hace experimentar que en un cerrar de ojos podemos convertirnos en los discriminados, aquéllos a los que no se les permite cruzar la frontera, aquéllos que transmiten enfermedades. Aun no teniendo ninguna culpa, aun siendo de raza blanca, occidentales y con todo tipo de lujos económicos a nuestro alcance. En una sociedad que se basa en la productividad y el consumo, en la que todos corremos 14 horas al día persiguiendo no se sabe muy bien qué, sin descanso, sin pausa, de repente se nos impone un parón forzado. Quietecitos, en casa, día tras día. A contar las horas de un tiempo al que le hemos perdido el valor, si acaso éste no se mide en retribución de algún tipo o en dinero. ¿Acaso sabemos todavía cómo usar nuestro tiempo sin un fin específico?

En una época en la que la crianza de los hijos, por razones mayores, se delega a menudo a otras figuras e instituciones, el coronavirus obliga a cerrar escuelas y nos orilla a buscar soluciones alternativas, a volver a poner a papá y mamá junto a los propios hijos. Nos obliga a volver a ser familia.

En una dimensión en la que las relaciones interpersonales, la comunicación, la socialización, se realiza en el (no)espacio virtual, de las redes sociales, dándonos la falsa ilusión de cercanía, este virus nos quita la verdadera cercanía, la real: que nadie se toque, se bese, se abrace, todo se debe de hacer a distancia, en la frialdad de la ausencia de contacto. ¿Cuánto hemos dado por descontado estos gestos y su significado?

En una fase social en la que pensar en uno mismo se ha vuelto la norma, este virus nos manda un mensaje claro: la única manera de salir de esta es hacer piña, hacer resurgir en nosotros el sentimiento de ayuda al prójimo, de pertenencia a un colectivo, de ser parte de algo mayor sobre lo que ser responsables y que ello a su vez se responsabilice para con nosotros. La corresponsabilidad: sentir que de tus acciones depende la suerte de los que te rodean, y que tú dependes de ellos.

Dejemos de buscar culpables o de preguntarnos por qué ha pasado esto, y empecemos a pensar en qué podemos aprender de todos ello. Todos tenemos mucho sobre lo que reflexionar y esforzarnos. Con el universo y sus leyes parece que la humanidad ya está bastante en deuda, y que esta epidemia nos lo está viniendo a explicar a caro precio”.

¿Qué opinas al respecto? ¿Necesitamos parar, volver a encontrar la calma? ¿Un nuevo punto de equilibrio? Sí, es evidente que las próximas semanas el mundo va a cambiar la forma en la que lo conocemos, pero esto no es novedad, es la naturaleza misma de la vida.


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