Tatuajes: reapropiándonos de nuestra cuerpa.

Escrito por el septiembre 24, 2021

Los tatuajes, aunque a algunas personas les cueste aceptarlo, han formado parte importante de la historia de la humanidad. Este camino había sido trazado por y para hombres —¡que sorpresa!—, pero, en contra de todo sistema, las mujeres hemos creado nuestros propios caminos para usar el tatuaje como una manera de retar los estándares de belleza impuestos, así como reconquistar nuestras cuerpas con la tinta imborrable.

Maud Wagner.

A lo largo de la historia el significado y propósito de los tatuajes se ha modificado y si bien no hay una fecha exacta donde se sepa del nacimiento de esta práctica, se estima que fueron los Egipcios quienes hace cuatro mil años comenzaron a decorar sus pieles con tinta, las mujeres tomaban un papel protagonista ya que eran ellas quienes realizaban el dibujo y a manera de ritual trazaban dolorosas líneas en las pieles de los hombres que buscaban demostrar valentía o madurez. Cada cultura cargaba de un significado diferente los tatuajes que se hacían, algunas lo hacían para mostrar jerarquías, para atraer o repeler cosas e, incluso, para marcar a quienes eran la “escoria” de las sociedades.

Por otra parte, en Norteamérica, los tatuajes tomaban un significado mágico y religioso ya que los nativos lo veían como un rito en donde esta marca única ayudaba a que el alma superara los obstáculos que la mantenían anclada a una vida terrenal.

Si bien estas marcas permanentes tienen, en algunos lugares, trasfondos mágicos, en México fue todo lo contrario ya que a finales del siglo XX, esta práctica estaba vista como una situación clandestina, antihigiénica y precaria, reservada únicamente para “carceleros”. Pero esto no impidió que entre 1982 y 1986 en lugares como Tepito, Santo Domingo, Iztapalapa, La Raza, el tianguis del Chopo, la colonia San Felipe de Jesús y Nezahualcóyotl, comenzaran a existir personas que hicieron de este estigma su trabajo y con esto, unieron dos luchas: la primera y la más obvia fue la del tatuaje donde, sin quererlo, estaban caminando en contra de la moral conservadora que por muchos años ha existido en el país y, por otra parte, también comenzaron una batalla en contra de la violencia sistemática que existía entorno a ellos, esto debido al lugar donde habitaban.

Tatuaje de momia egipcia.

En el mundo Occidental los tatuajes se habían definido como masculinos, cualquier hombre puede ser tatuador y tatuarse sin temor a ser juzgado duramente por la sociedad que lo rodea, mientras que a las mujeres aún se nos cuestiona al tomar la decisión de llenar nuestra cuerpa con tinta debido a que la cuerpa misma es una construcción de femineidad que se nos es asignada al nacer. Es así como las primeras mujeres que aparecieron llenas de tatuajes, fueron tomadas como fenómenos de circo, ¿fue esta su manera de reapropiarse de una característica no aceptada por la sociedad?

Fue en 1877 cuando nace Maud Wagner, contorsionista y tatuadora norteamericana. Desde muy joven trabajó en ferias y circos y ahí conoció a Gus Wagner quien le enseñó a tatuar, ella adquirió habilidad muy pronto y ambos comenzaron a tatuarse mutuamente. Cuando llenó su cuerpa de tinta se presentaba en los freak show (espectáculo de fenómenos) , fue ahí donde Maud rompió el estereotipo sobre las mujeres tatuadas, no era una criminal ni estaba enferma; sin saberlo comenzó un movimiento de rebeldía donde la cuerpa femenina se alejaba de los estándares establecidos y colectivos para volverse un ente individual que podía liberarse de las imposiciones patriarcales de la época.

Además de adueñarse de sus cuerpas, los tatuajes traían consigo independencia económica para las mujeres ya que al poder presentarse en los freak shows podían ganar dinero de una manera segura.

El cuerpo es propio, pero también externo. Sus usos tienen consecuencias a nivel íntimo pero también se reflejan en los discursos y tendencias socioculturales.

Julia Pérez. Tatuaje y feminismo: la reconquista del cuerpo.

Por otra parte, se encuentra Betty Broadbent (1909-1983) quien comenzó a tatuarse desde los 14 años, en un época donde los tatuajes estaban reservados para marineros, delincuentes y vagabundos, Betty pudo presentarse en un concurso de belleza (1930) y a pesar de que no ganó, el poder mediático que trajo consigo fue impresionante; gracias a su valor y rebeldía se convirtió en un ícono para las mujeres que, al igual que ella, eran apasionadas por los tatuajes y pudieron dejar de esconderse, así como mostrar a la sociedad que el tatuaje era un arte, lo que trajo consigo el comenzar a romper los estigmas que existían entorno a esta práctica.

Betty Broadbent de niña.

En este ir y venir de significados, los tatuajes entraron en un periodo de letargo después de que los marineros que huían de la ley los tomaron como estandarte, es por esto que las personas más conservadoras comenzaron a asociarlos con la delincuencia; fue hasta los años 60 y 70 que el movimiento hippie los abrazó para elevarlos a una categoría artística haciéndolos mucho más coloridos; es así como empezaron a llegar a gente más citadina y sin antecedentes penales.

Fue así, como en un mundo plagado de masculinidades una bruja cósmica y transgresora significó la liberación para cientos de mujeres que seguían su música: Janis Joplin (1943-1970).

A mediados de los años 60, el tatuador Lyle Tuttle dibujó en la parte externa de la muñeca de Janis una pulsera florentina y este simple gesto provocó que las cientos de mujeres que la seguían tomaran como bandera el tatuaje de la bruja cósmica; la cantante estaba irrumpiendo ruidosamente en tantos escenarios creados, supuestamente, por y para hombres que le dio un mensaje de libertad y transgresión a todas aquellas mujeres que habitaban en las sombras, creando un efecto de poder femenino y fuerza que, hasta la fecha, continúa inspirando a mujeres que conectan con la magia de su música y su legado.

Tatuaje de Janis Joplin.

Si bien, en la actualidad, los tatuajes han ido normalizándose a pesar de que aún existen estigmas y estereotipos que los acompañan, siempre surgen nuevas maneras en las que el patriarcado busca absorber las formas de expresión que se han creado para luchar en su contra. Las cuerpas tatuadas han quebrantado las normas arcaicas pero esto trajo consigo la sexualización de las pieles llenas de tinta ya que cuando se buscan referentes de mujeres tatuadas, la sociedad se inclina por cuerpas con rasgos europeos y estándares que se siguen considerando como lo “bello”, mientras que quienes no cumplen con esta nueva femineidad son objeto de burlas y agresiones.

Es por ello que el tatuarse se ha convertido (tanto para las artistas como para quienes prestan su cuerpa como lienzo) en un territorio de defensa desde donde se puede luchar contra el sistema exterior; es una trinchera que, entre tinta, guarda historias, pensamientos y deseos muy poderosos ya que al sacrificar dolor y sangre por un dibujo, estos se cargan de una energía única y significativa.

Sí, los tatuajes en las pieles de mujeres representan libertad y trasgresión pero ahora hay que cuestionar la fetichización con la que se les está mirando. Vato: las cuerpas no son tu objeto de consumo, no son rayadas para tu satisfacer tus deseos, no desean tus “halagos” asquerosos ni tus miradas cargadas de morbo.

El tatuaje es una expresión en la piel que viene de una simbiosis entre la imagen que presentamos, nuestras experiencias […] Pensemos en las mujeres que portan uno  y las artistas detrás de estos como un  lugar simbólico de rebelión, resistencia y transformación dentro de un sistema patriarcal que promueve la cosificación del cuerpo de las mujeres.

Jocelyn Aguilar, La mujer en el mundo del tatuaje.

RHUTV

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