Sarah Andersen vs Zombra: ¿Qué hay detrás del aerosol?

Escrito por el febrero 7, 2020

Si eres joven o un ser de redes sociales (principalmente de Twitter) sabrás que la diseñadora y artista visual Sarah Andersen, reconocida por sus webcomic Sarah’s Scribbles, vino el pasado 29 de Enero a pintar un mural patrocinado por Pictoline, la relativamente nueva plataforma Tiktok y la bestia de la telefonía Samsung. Dicha obra destinada para adornar la calle de Mérida en la colonia Roma amaneció “vandalizada”, “rayada” por un “delincuente”, como muchos lo han categorizado. Pero ¿Qué pasa si pensamos un poco qué hay en el fondo? La intención a ciencia cierta por parte de Zombra, el responsable de aquella marca sobre el trabajo de Sarah, no la sabemos pero dice muchísimo más de lo que se ve en la pintura negra y blanca.

Empecemos hablando un poco de historia, porque aquél que olvida su pasado está obligado a repetirlo, y esto es una prueba de ello. En 1917 son abiertas las puertas de las estaciones de metro en el Bronx, una de las zonas con más carencias en Nueva York. En los años 70 una ola de rivalidades, violencia y conflictos llenaron este lugar, mientras la gran manzana bailaba en la discotecas más lujosas la música de Earth, Wind & Fire, The Tramps y Kool & The Gang mientras ignoraba lo que ocurría a unas cuantas avenidas. Mientras comenzó a desarrollarse la cultura del hip-hop hubo una parte de la población que retomó una antigua actividad romana: quejarse en los muros sobre lo que ocurría a su alrededor, en italiano lo llamaban graffire o graffiti. Tomaron las latas y durante las noches acostumbraban a entrar a los talleres de trenes para dejar una marca, un mensaje para la gran ciudad en la cual trataban de decirles “aquí estamos, vivimos y sufrimos, el Bronx está vivo”.

Volviendo a lo sucedido en estos días, Zombra es un grafitero mexicano con más de 20 años de trayectoria y miembro de uno de 246 Crew, colectivo de origen español que tiene mayor impacto a nivel mundial. Lugar de la CDMX donde vayas es muy probable que encuentres el “ZO” con el que taggea. Si hoy estás en Xochimilco lo puedes ver y si mañana vas a Monterrey también, si vas a Guadalajara lo encontrarás y en Reforma alguna vez. Sus “rayones”, como todo el grafiti, son hechos para ser efímeros, para mostrar presencia de que existen y que se pararon ahí, una forma de expresión en la cual tienen un lugar aunque solo se les volteé a ver como “otra vez pintaron la pared”.

Visto de esta perspectiva muchos mencionan que es una acción “malinchista” el haber traído a Sarah en vez de llamar a alguien de nuestro país, sin embargo se entiende la elección: el trabajo de Andersen está hecho para vender. Si vamos al campo del grafiti muy pocos son apreciados como para que una marca les pague por hacerlo, y si tratamos de mencionar a Banksy caemos en una contrariedad muy inútil. Ya si mencionamos diseñadores nacionales sería difícil aún así que la gente lo aprecie: un Watchavato que su obra guarda parte de los taboos en nuestra cultura, un Dee Espinoza que entrega parte de su persona en cada obra o un Niño Feo que en su anonimato e ilegalidad tiene su encanto, así como dibujar una “bomba” en alguna cortina durante la madrugada. Lo que marca la diferencia entre estar sobre un muro es a quienes representa, porque el hecho de que la foto con el tag de Zombra esté girando por todo el país representa el trabajo de un Komex (qepd) que se encargo de darle color a Iztapalapa con murales inigualables, un Die con una técnica increíble que rodea toda la metrópoli o un Racko que murió defendiendo de acoso a su novia. El grafiti no tiene cara porque la comparación con el “arte”, su “arte” no le ha dado el derecho de merecerla.

Hace una semana el artista multidisciplinario Tyler The Creator recibía un Grammy por su último trabajo “IGOR”. Durante la rueda de prensa posterior, aparte de mostrar su agradecimiento mencionaba que “¿Por qué debían entrar en la categoría de Rap y R&B?”. Durante esta parte se puede sentir como lo destaca como un hecho racista, discriminatorio. Quién haya escuchado su trabajo sabe que no entra en ninguna de las dos categorías. Ahora ¿Qué diferencia al arte del arte “urbano”? Porque cada que se habla del grafiti se le menciona como “arte urbano” sin caer en características u otras disciplinas que entren dentro del mismo. El urbano es calle y al parecer la calle no merece espacio en las galerías.

Ahora toca el hecho de cambiar el juego. Samsung, Pictoline, Tiktok y todas las empresas que busquen hacer algo distinto, darle algo a las calles de forma verdadera ¿Y si en vez de buscar quién venga de afuera, se meten a los barrios, los instruyen y les enseñan a mejorar para que después ellos sean quienes lo hagan en grande no solo en México? Nombres como Ely Galvar (que recientemente publicó su novela “La Bruma”), Ale Pérez, Tania Camacho, Jours de Papiere entre muchas otras diseñadoras son parte de los artistas que ha dado México que no le piden nada al trabajo de Sarah Andersen, y si miramos mas a la calle como Buque, como Buster, Maldita Carmen son personas que hacen que el asfalto y su estilo se hablen de tu.

Todo esto es más que Zombra pintando un muro pagado a una artista extranjera, es más que un acto de vandalismo. Es un grito de presencia de los barrios mexicanos y sus artistas, es un “¡Aquí estamos!” de los graffiteros vieja o nueva escuela, es un llamado de aquellas mexicanas que quieren que se volteé a ver su trabajo, es un pase de lista de aquellos que no temen dedicarse al arte en un país que solo compra lo que el extranjero le ofrece. Así como las manifestaciones estudiantiles, como la Ángel de la Independencia en las marchas de mujeres pidiendo sus derechos: si lo haces como ellos quieren se burlan y no hacen caso, si lo haces como no quieren te juzgan y te quieren hacer ver mal. 

Y aunque te satanicen, ya te están viendo.

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