¿Romper la cuarentena por sexo? Bromeas, ¿cierto?

Escrito por el julio 2, 2020

Una de las preguntas constantes que muchos nos hemos estado haciendo en los últimos meses de confinamiento es ¿estaríamos dispuestos a romper la cuarentena por estar con alguien? He conocido parejas que suelen romperla con tal de verse un par de horas y he sido espectadora de aquellos que la han roto por conocer a alguien. En cualquier caso, en tiempo de tensión social es complicado, aislarnos por completo y evitar el contacto, el afecto físico no es mentalmente sano.

Porque no hay, ni habrá nada más doloroso que no poder abrazar a los padres, hermanos, amigos y pareja. 

Como la curiosidad no me dejaba en paz, estuve preguntando en mis redes sociales qué era lo que pensaban los usuarios sobre romper la cuarentena con tal de estar unas horas con un crush, una pareja o un amigo. Un buen porcentaje, se inclinó por el rotundo no -incluso yo llegué a ser una de ellos por al menos unos 60 días, hasta que la soledad y las preocupaciones me invadieron en serio y he de admitir que he visto a un par de amigos y hasta a un crush, de lo cual, estoy parcialmente arrepentida y parcialmente contenta por haberlo experimentado- el otro porcentaje me describía estar dispuesto a tener alguna que otra cita durante la cuarentena con sus debidas precauciones, al menos me calmó un poco no ser tan inconsciente, siendo que no soy la única. 

Lo que me más me llama la atención de todos estos hechos, es que llegará un día en el que tengamos que resignarnos a vivir así, a tener que hacer nuestra vida con amigos, familiares, parejas y gente del trabajo de esta forma, porque sin duda ese día ya está llegando, si no es que ya llegó. 

En alguna conversación con un conocido, me decía que unos familiares cercanos habían ido a comer a su casa, ni él, ni su madre o su hermana, se asustaban, según me contó para él era mejor tener a la gente que ama cerca antes de cualquier cambio rotundo en su vida. De momento no lo compartí, pero ahora me hace sentido. Sí, es irresponsable, bastante y sé que como lector me lo reprocharás. Pero y si el día de mañana ya no hay oportunidad de decirnos todo lo que sentíamos… ¿sería peor, cierto? 

Hace unos tres meses, nuestro pensamiento se inclinaba a hacia la idea de que todo esto sería un corto paréntesis a nuestra vida, nos conformábamos con la idea de suprimir temporalmente todo, incluso el sexo. ¿Qué ha cambiado ahora?

El diálogo íntimo empieza a salir de las sombras con amistades cercanas, en medio de charlas surgen confesiones, deseos, preguntas sobre romper la cuarentena por estar con alguien y sí, me refiero a sexo. 

Para quienes quedamos encerrados en la soledad, a estas alturas el contacto físico comienza a ser una necesidad de primer orden; mientras repetimos públicamente con absoluta convicción que hay que ejercer los lineamientos de protección en su totalidad, que si el buen manejo de crisis, que si la sana distancia, que si la sanitización de los espacios o el lavado constante de manos y aun así nos atrevemos a mantener conversaciones culposas sobre las estrategias y tácticas a los que recurriríamos para vulnerar esa misma norma dentro de los términos que consideramos culpables. 

En pequeños casos, la postura radical se ha ablandado, he empezado a juzgar menos a quienes rompen la cuarentena para verse con alguien y he sido una de ellos. Es tal vez la falta, el vacío, ya no pretendo ser policía o juez, puesto que también estoy harta y hablo desde la estupidez, pero me sé consciente de que no es lo mismo hacer una reunión con más de diez invitados que ver solo a una persona bajo mutuo acuerdo. 

Estoy harta también de las palabras “nueva normalidad”, carajo, las cosas dejaron de ser normales desde que nos dieron el primer encierro por el riesgo ante el virus, aunque esto nos ha dado la oportunidad de contemplar situaciones a las que antes no les prestábamos atención, como a nuestra salud emocional y sexual. 

Hoy, tenemos que reconocer que no es una estrategia para largo plazo, o quien sabe y que será necesario considerar alternativas. Para personalidades como Linda Duits, especialista en género, la proximidad y el contacto físico no son un lujo, sino necesidades básicas y sí, somos seres sociales, eso es evidente. 

Fue el mismo ministerio de Salud de Holanda el que emitió hace poco algunas recomendaciones para personas que carecen de pareja estable y no conviven con nadie más. Sugieren buscar un “compañero de abrazos”, o un compañero sexual para esta época. Básicamente, aconsejan la monogamia por conveniencia sanitaria. 

No proponen que te embarques en compromisos afectivos, matrimonios, ni que el vínculo esté mediado por la moral religiosa: sólo que procures no cogerte o tener “contacto estrecho” con nadie más que al sujeto al que escogiste y te escogió (¡como si llegar a un acuerdo sexo afectivo y no confundirse en el camino fuera fácil y como si coger con alguien se tratara solo de coger!). Hoy me pregunto si estamos dispuestos a cambiar nuestra mentalidad o resetearla en lo que nos acostumbramos a los tiempos venideros, más en un país como México en el que los prejuicios y sobre todo los de carácter sexual se tratan con pincitas. 

¿Te has sentado a analizar cómo debería ser tu compañero sexual o solo de abrazos? Algunos sexólogos sugieren que al buscar intimidad con un compañero, verifiquemos primero que la charla verbal sea un acto íntimo, fluido, cercano, porque el sexo es una de las mejores conversaciones, no lo hay malo o bueno, es una conversación que simplemente funciona o no. Si tenemos una sola bala más vale gastarla con alguien cuyos abrazos deseemos, o al menos conozcamos y no en un terreno totalmente inexplorado de química y probabilidad. Es mejor apuntar para ganar, ¿no?

¿Por qué gastar esa bala con algún ex novio o un conocido que siempre nos ha traído ganas? Sencillamente no. Pensar en si estamos dispuestos a correr un riesgo tan grande y lo digo así porque sé, no soy la única a la que le ha llegado ese pensamiento, debería ser alguien que busque las mismas condiciones y esté dispuesto al consenso. 

¿Qué seguirá después? Seguramente preguntarnos por la seguridad de ambos, el diálogo y confianza. ¿La persona es confiable? ¿Ha estado siguiendo el confinamiento estrictamente? ¿Le diré o me dirá si tiene algún síntoma? ¿Seguirá lineamientos de higiene adecuados cada que va al supermercado? ¿Se alimentara bien? ¿Habrá estado con alguien más en los últimos quince días? ¿Haré lo mismo por él/ella? ¿Es esto lo que de verdad deseo?

La última vez que me interesó la vida sexual de otra persona seguro fue por el 2015, desde entonces no pregunto de ser necesario o siendo un iniciador de la conversación la otra persona.


RHUTV

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