Origenes, el despertar de las raices de Sotomayor

Escrito por el marzo 3, 2020

Bocanada de aire fresco, sintetizadores, loops, percusiones, sonidos de la naturaleza y una fusión de estilos africanos y latinoamericanos parecen ser los componentes de una nueva ola musical impulsada por figuras como Paulina y Raúl Sotomayor.

Por cuatro años de existencia, la banda mexicana se ha ganado un lugar preponderante en la escena de la música electrónica mexicana que ahora experimenta con nuevas fórmulas en su tercer álbum de estudio Orígenes, con el que además buscan internacionalizarse en el mercado europeo y estadounidense. 

Su estilo está plagado de chica, cumbia y sonidos que nos recuerdan nuestras raíces latinas. Raúl describe la experiencia de la composición como algo orgánico, pues mientras él experimenta, sintetiza sonidos y produce, Paulina le brinda la voz a cada una de las melodías que su hermano construye. En sus palabras: “Cuando hacemos música, esperamos que se sienta como un conjunto de personas gozando y creando emociones, no solo un dj experimentando, no solo una voz femenina al centro, sino una banda completa”. 

Claro está que esta construcción musical es el sincretismo de lo primitivo con lo tecnológico, lejos de parecer solo un concepto digital. 

Orígenes, de lo visceral al beat electrónico

Orígenes no solo es un reflejo de un notable crecimiento musical para la banda, aunque cada sencillo carga la esencia a la que Sotomayor nos tiene acostumbrados, cada una de las letras habla de un crecimiento profesional, de experimentación continúa y del rompimiento de fórmulas en la composición.

Escuchamos a un Raúl más seguro de lo que sincroniza y a una Paulina menos sutil, mucho más asertiva.

El viaje hacia Orígenes inicia con Nunca es tarde, un tema cuyo mensaje es sencillo pero contundente, nos recuerda que a pesar de lo momentos poco gratos, hemos de encontrar siempre  uno para recordar aquello que conecta lo que nos hace feliz; “hablar con claridad, no hay por qué no llorar… es importante escuchar”. Llena de percusiones y ritmos latinos, esta canción profesa un mensaje que es imposible evadir: hay que desenterrar lo que nos duele. 

Los ritmos avanzan y se inclinan hacia un lugar más íntimo entre beats africanos con percusiones más marcadas; en Lo que tú quieras de mí, Paulina descubre los tintes de su voz, una dulzura inexplicablemente sensual, que nos habla de aquel momento intencional en el que fantaseamos  con impregnarnos del aroma del otro. 

Esta, nos lleva a Tú cuerpo y el mío que nos sumerge en un ambiente más cómodo sin quitarnos las ganas de bailar, inclinándose a un lado más electrónico con una voz suave e hipnotizante, un sonido que nos resulta más familiar en Sotomayor.

Sin control, nos conduce por la misma línea, sus primeros segundos son suaves, con la voz cálida de Paulina que nos prepara hasta el momento en el que los ritmos explotan en dance, llevándonos a un sitio en el que dejamos de sentirnos cautivos. 

El clímax está a cargo de Quema, una fusión de bajos pesados y un ambiente tradicional de Gaiteros de San Jacinto. Raúl comenta que buscaba a una Paulina cantando diferente, con un sonido más a rap para añadir un tono místico sin perder su esencia, además de añadir un poco de color con la rumba y el fuego de Totín Arará.

Despierta, nos toma del brazo y nos sacude, no solo rítmicamente, sino que vuelve a conectarnos con un mensaje tan simple como: “Despierta si estás dormida, hazla tu voz y respira”. Justo en un momento en el levantarnos parece tan primordial, que viene a recordárnoslo. Los sintetizadores toman el control sin dejar hacer brillar a las percusiones. 

La voz de la feminidad se hace presente en Esta vez, en la que Paulina se hace entrever cautelosa, risueña, pero orgullosa de sí misma y transmitiéndolo con armonías que nos transforman, seguimos en la pista de baile, pero ahora, danzando lento, bajando el ritmo, casi acurrucándonos. 

Esta sensación se disipa hasta que llega la burbujeante y sorpresiva Menéate pa’mí, que nos hace recordar Just can’t get enough de Depeche Mode, hasta que la imagen se resquebraja tras oír el “sé menar la petaca muy bien”, volvemos a una figura seductora, sin temor a lo que venga, sin temor a lo que pase después. 

Latin history month, hace honor a su nombre. De primer vistazo, nos remonta a Nicola Cruz y ritmos cercanos a su tierra, pero después van ajustándose las piezas, nuevamente hacia una canción que vuelve a proclamarse femenina, que nos recuerda a la madre tierra desde sus evidentes influencias africanas y latinoamericanas; un fiel reflejo a los orígenes y sonidos de nuestras raíces. Lo sorprendente es el cierre que nos otorgan, Ella, del que brotan tintineos destellantes con la clásica voz aguda y armónica de Paulina. Notamos un trabajo que permite cerrar el concepto creativo de Raúl, un trabajo que compagina lo mejor de ambos. Una vez más resaltando el valor de la fémina en cualquier ámbito de la vida. 

Orígenes, se destaca por ser una carta de amor a los orígenes de Sotomayor, una reafirmación de quienes siguen construyéndose. Una pieza tan ligera y fresca como apta para ponernos a pensar en manos de calurosas sensaciones que nos animan a seguir bailando. 



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