No fue homicidio, fue feminicidio.

Escrito por el junio 1, 2020

En los últimos años la marea feminista ha llegado a México y aunque a ellos también los matan, feminicidio y homicidio no son lo mismo.

En México, anualmente se contabilizan 33 mil homicidios violentos y según cifras de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), diariamente 9 mujeres son asesinadas, mujeres que son catalogadas como “víctimas de presunto homicidio” porque usar el término feminicidio, en nuestro país, parece ser innecesario.

Debido a la violencia desmedida que se vive en México es fundamental marcar la diferencia entre homicidio y feminicidio ya que, a pesar de que ambos actos atentan contra la vida de un ser humano, el segundo tiene como raíz la violencia patriarcal en la que la sociedad ha construido este país.

Es así como el homicidio se define, según el artículo 302 del Código Penal Federal (CPF), como el que priva de la vida a otro y la gran mayoría de los homicidios hacia hombres son llevados a cabo por otros hombres. Por otro lado, el artículo 325 del CPF deja claro que comete el delito de feminicidio quien prive de la vida a una mujer por razones de género (yo más bien diría “sexo”), esto quiere decir que es el asesinato de mujeres por parte de hombres por el hecho de ser mujeres, motivados principalmente por la misoginia y el odio. Además de esto, se consideran siete puntos principales con los que se catalogará si el asesinato de una mujer es considerado feminicidio o no aunque, a mi parecer, el hecho de que la víctima sea mujer debería ser una razón suficiente para definirlo como feminicidio:

  • La victima presente signos de violencia sexual de cualquier tipo;
  • A la víctima se le hayan infligido lesiones o mutilaciones infamantes o degradantes, previas o posteriores a la privación de la vida o actos de necrofilia;
  • Existan antecedentes o datos de cualquier tipo de violencia en el ámbito familiar, laboral o escolar, del sujeto activo en contra de la víctima;
  • Haya existido entre el activo y la victima una relación sentimental, afectiva o de confianza;
  • Existan datos que establezcan que hubo amenazas relacionadas con el hecho delictuoso, acoso o lesiones del sujeto activo en contra de la víctima;
  • La victima haya sido incomunicada, cualquiera que sea el tiempo previo a la privación de la vida;
  • El cuerpo de la víctima sea expuesto o exhibido en un lugar público.

A pesar de que en 1993 comenzó a visibilizarse y tomar fuerza este término debido a los feminicidios ocurridos en Ciudad Juárez y que desde 2012 están especificados todos estos puntos en el CPF, a la fecha todavía no existe una metodología que nos arroje datos exactos ni investigaciones particulares sobre este delito ya que normalmente los homicidios que se comenten contra mujeres no son investigados como feminicidio, ¿por qué? Porque México no está preparado ni quiere analizarlos bajo una perspectiva de género y es más fácil pretender que esa violencia no existe.

No nací mujer para morir por serlo.

Otra diferencia notable entre homicidio y feminicidio es el autor del delito: mientras que en los primeros los victimarios son, la gran mayoría de las veces, personas desconocidas de las víctimas, los feminicidios casi siempre son llevados a cabo por conocidos de las mujeres.

En 2019 los índices de homicidio se dispararon al cerrar el año con 32 mil 566 víctimas, 3% más que en 2018 y superando los números rojos que existieron en el sexenio de Felipe Calderón; las principales causas de estas muertes fue el incremento en el uso de armas de fuego, lo que a su vez hizo más mortales los asaltos y los enfrentamientos entre cárteles de droga, a esta lista se sumó también el huachicoleo.

Como se puede notar, entre las víctimas y los victimarios de los homicidios no existía ningún lazo emocional o parentesco; por otra parte los feminicidios tienen un patrón diferente ya que la mayoría de los asesinos de estas mujeres han sido hombres comunes que conocían muy bien a la víctima: parientes, esposos o ex esposos, novios o ex novios, padres, hermanos, vecinos, amistades familiares, compañeros de trabajo o escuela, o finalmente, desconocidos que buscan mujeres con un perfil en específico o vulnerables. Muchas de ellas vivían con sus asesinos.

Según las estadísticas del INEGI, en 2017 mil 479 mujeres murieron asesinadas en la vía pública y 971 dentro de una vivienda particular; mil 743 murieron por un disparo con arma de fuego, 522 al ser atacadas con una arma punzocortante y 582 fueron ahorcadas hasta ser sofocadas.

Es muy importante resaltar los factores que obligan a las mujeres quedarse con sus agresores porque “pudo haberse ido antes de que la mataran” no es una opción, la víctima nunca será la culpable del ataque: ninguno de los hombres catalogados como victimarios comenzaron matando a esas mujeres, antes de eso existió violencia y manipulación emocional que le restó humanidad a la víctima (celos, chantaje, humillaciones) después se presentó el contacto físico (cachetadas, empujones, violación) y durante todo esto el agresor aisló tanto emocional como físicamente a la mujer para así, en un momento de ira cometer el feminicidio, que es la representación más extrema de la violencia contra las mujeres.

Ahora bien, ¿por qué es importante hablar sobre feminicidios si a ellos también los matan? Por la violencia estructural que hemos vivido las mujeres durante toda la historia. El sistema patriarcal tan fuerte sobre el que la sociedad mexicana se ha desarrollado (aquel en el que el hombre está por encima y tiene el control de la mujer) ha traído consigo una banalización hacía la violencia que vive la mujer ya que a pesar de que la ONU estima que en México, 6 de cada 10 mujeres han enfrentado algún incidente violento durante su vida, y que más del 40% ha sido víctima de alguna agresión sexual todavía se tiene la idea de que este tipo de violencia debe ser tratada en casa, como un secreto, porque aunque diariamente hablemos de la violencia e inseguridad que azota al país seguimos reproduciendo que “la ropa sucia se lava en casa” y es así como se pierde la vida de nueve mujeres diariamente.

Esta violencia puede tomar varias formas y ejercerse en diferentes ámbitos, puede ser psicológica, física, obstétrica, sexual, familiar, escolar, comunitaria, laboral, etcétera.

Celia Cheyenne Verite

Hay que mencionar también que el odio y la desvalorización hacía la mujer es un factor constante en los feminicidios (cosa que no se encuentra en el homicidio) porque se hacen chistes y comentarios misóginos, se acepta un grado de agresividad (disfrazada de amor) en el matrimonio y al mismo tiempo al hombre se le permite ser violento; es así como en la sociedad mexicana tenemos normalizado que la mujer sea violentada y sumisa. Todas estas acciones deben ser visibilizadas aunque a muchos les moleste el cambio de papeles.

No podemos seguir escondiendo y negando la violencia que las mujeres hemos vivido durante toda nuestra vida; sí, a ellos también los matan pero a nosotras nos mata la misoginia en donde ellos gozan de privilegios. Hablar de feminicidios es hablar también de las agresiones previas para así tejer redes de apoyo entre nosotras y defendernos, porque correr el riesgo de morir por ser mujer no debería ser parte de nuestro día a día.


RHUTV

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