Los sueños, la parte más fantástica de nuestra vida.

Escrito por el septiembre 2, 2020

Volaba. Mi cuerpa se encontraba a unos centímetros del pasto y con sólo levantar un poco la cabeza pude enderezarme hasta quedar flotando, de pie, sobre lo que ahora parecía un llano inmenso. Quería aumentar el impulso así que sólo salté para elevarme, en cada salto subía más y sentía el vértigo atrapado en mi estómago; las subidas y bajadas me sabían a una libertad que fuera de mi cabeza no existe, aquello era mi reino y yo la diosa que lo construía.

Esa lucidez con la que controlaba cada movimiento fue exquisita y quería más de ella, me negué tanto a terminar con esa sensación que mi cuerpa real no le pudo seguir el paso a la imaginación infinita que no sabía que tenía; lo sentí comenzar por mis piernas y subir hasta mi pecho hasta que no pude moverme más y a mi alrededor comenzaron los ruidos extraños, me negué a abrir los ojos y luche por mantenerme tranquila mientras la parálisis de sueño terminaba. El gran final de un enorme sueño.

Los sueños han sido parte de la mente de cada ser humano y es por eso que sabemos lo que es soñar, cada persona sueña basándose en sus experiencias vividas, por lo que nuestra cotidianidad se convierte en el motor de la actividad onírica y no deja de ser asombroso el hecho de tener el poder de construir en nuestra mente un espacio que mágicamente se convierta en lo que nosotros queramos.

La investigación de los sueños es una área muy complicada ya que no se pueden estudiar desde dentro sino desde la experiencia del soñador por lo que no se tiene una visión completa de lo que ocurre pero, en la actualidad, existen distintas teorías que buscan explicar la razón y producción de los sueños pero para entender cómo se forman es necesario conocer las fases del sueño por las que pasamos para llegar a ellos:

La fase 1 (adormecimiento) es una especie de transición de la vigilia (estar despiertx) al sueño, los latidos cardíacos se hacen más lentos pero aún es fácil interrumpir el sueño ya que dura aproximadamente diez minutos. En la fase 2 (sueño ligero), que ocupa el 50% de nuestros ciclos de sueño, la respiración y el ritmo cardíaco se hacen aún más lentos, el cuerpo se desconecta del entorno y el despertarnos es algo muy difícil, quizás suceda cuando sientas que caes al vacío. La fase 3 (transición) dura apenas dos o tres minutos y sirve como salto al sueño profundo, en esta etapa se libera la hormona del crecimiento; finalmente la fase 4 (sueño Delta) corresponde al sueño más profundo, la frecuencia cardíaca y respiratoria disminuyen entre un 10% y 30%. Estas cuatro fases corresponden al sueño no REM (NREM) ya que no hay movimiento ocular y las ondas cerebrales son lentas, ocupando así el 75% de nuestro ciclo de sueño.

Ahora bien, la etapa en la que suceden los sueños es llamada fase REM (Rapid Eye Movement, Movimiento Rápido de Ojos), ésta ocupa el 25% del ciclo del sueño y es aquí donde las ondas cerebrales son rápidas y los ojos se mueven bajo los párpados cerrados mientras el cuerpo sigue relajado, la respiración se vuelve irregular y rápida y la frecuencia cardíaca y presión arterial aumentan hasta casi llegar a los presentados en la vigilia; este ocurre, generalmente, 90 minutos después de conciliar el sueño, dura aproximadamente 10 minutos y es intermitente durante el ciclo de sueño ya que puede presentarse cada 90 minutos a partir del inicio por lo que las fases NREM y REM se intercalan a lo largo del ciclo. El cerebro se llena de energía y según la Fundación Nacional del Sueño (NSF, por sus siglas en inglés) esta fase es la encargada del almacenamiento de recuerdos, lo que explicaría porque muchos de nuestros sueños están basados en algo vivido en la realidad.

La fase REM se inicia en respuesta a las señales enviadas a la corteza cerebral que está relacionada con el aprendizaje, la organización de la información, el pensamiento y el equilibrio del estado de ánimo; también se envían señales a la médula ósea que paraliza temporalmente el cuerpo para evitar hacernos daño al soñar y cuando salimos de golpe de esta fase de sueño llega la parálisis de sueño donde el cuerpo no alcanza a reaccionar y parece ser que quedamos atrapadxs en el.

Esta acción -tan rutinaria como respirar- nos ayuda a desahogar ciertos sentimientos que con plena consciencia no nos permitimos sentir así como recorrer nuestros recuerdos pero aún pasando por Aristóteles o Freud, en la actualidad, todavía no encontramos una respuesta concreta que nos explique por qué soñamos, aunque si existen varias teorías. Hobson y McCarley descubrieron que los sueños están compuestos por recuerdos aleatorios -convertidos en imágenes- que se unen hasta formar una “narrativa” pero como estas ráfagas de recuerdos están inconexas tenemos como resultado una historia extraña y surreal, un mundo que sólo puede existir en nuestra mente.

Por otra parte, según la neuropsicología (ciencia que aún se encuentra en desarrollo), existe la teoría de que los sueños tienen la función de “actualizar” el cerebro ya que esto sólo se lograría cuando la entrada de información es mínima, o sea, mientras dormimos; el cerebro trata de asociar la información vieja con la nueva, la liga a emociones y la plasma en imágenes para así comprenderla, es así como los sueños, más que llevar un mensaje del futuro son introspectivos y ayudan a digerir las emociones y recuerdos.

¿Sabéis qué es realmente lo mejor de los sueños? Que nos los creemos mientras dormimos. Nada nos choca, ninguna incongruencia nos parece ilógica y todos los personajes son bienvenidos.

Redacción QUO.

Si bien es cierto que los sueños aún representan un enorme misterio para la ciencia, estos han formado parte de la historia de la humanidad; distintas culturas los han tomado como parte de sus creencias ya que piensan que son la llave para acceder mundos paralelos y realidades superiores que nuestro cuerpo físico no es capaz de percibir, realidades en las que el alma es la protagonista.

El tantra, yoga, budismo o el chamanismo son tradiciones que buscan preservar el trabajo con los sueños en una sociedad donde estos han sido dejados de lado; buscan regresar la espiritualidad del ser humano por medio de aquellos sueños y su interpretación y para hacerlo tienen distintas técnicas que todxs podemos adoptar. Una de esas técnicas con la que podemos tener acceso a nuestro mundo inconsciente son los sueños lúcidos.

Los sueños lúcidos son aquellos en los que el soñador está consciente de que se encuentra en un sueño. Estos ocurren, generalmente, en la fase REM del sueño y es más probable que se presenten cuando en el día se experimentaron emociones fuertes pero también hay distintas técnicas que ayudan a tener sueños lúcidos cuando sea.

Primero hay que comprender que existen diferentes niveles en los que el un/a individux puede experimentar uno de estos sueños, el más bajo sería cuando la persona se da cuenta de que está soñando pero no es capaz de mantenerlo por mucho tiempo ni interpretar lo que pasa, mientras que el nivel más alto podría lograrse cuando el soñador es plenamente consciente, lo que le da la oportunidad de controlar su entorno y cambiarlo cuantas veces quiera así como interpretar los sentimientos que hay detrás de lo que sueña y así llegar a una conclusión en el mundo real; en este nivel también está la capacidad de salir (despertar) del sueño a voluntad.

Ahora bien, se han encontrado distintos métodos para provocar un sueño lúcido pero depende que cada persona si éstos funcionan o no ya que dentro de este mundo de soñadores hay quienes naturalmente tienen este tipo de sueños y no necesitan hacer nada más que dormir y, por otra parte, están quienes necesitan entrenarse para experimentarlos; dicho esto, una de las técnicas más “simples” es la que Mary Arnold-Foster describe en su libro Studies In Dreams, ésta consiste en cuatro señales para lograr darte cuenta de que estás soñando y así poder interferir en el entorno.

La primera de estas señales sería la exitación, notar que lo que pasa en el entorno del sueño te afecta fisiologicamente y no sólo eres un observador de ello; después está la agudización de los sentidos, prestar atención a los colores, formas, sonidos y sensaciones que existen mientras transitas por el sueño ya que así podrás notar cuando algo no sea lógico y, por lo tanto, sabrás que estás dentro del mundo onírico; en tercer lugar está la atención excesiva que está conectado con el punto anterior, también llamadas señales oníricas son aquellos detalles que delatan al sueño mismo, éstas pueden se pueden presentar en el sueño (como animales que no existen o personas que han fallecido y sin embargo se encuentran ahí) o puedes crearlas desde el mundo real: puedes usar un reloj de muñeca, anillos o frases como “¿estoy soñando?”, estos son indicios de que te encuentras en el mundo real pero de tanto ser repetidas o miradas (en caso de los objetos) se hace una costumbre que naturalmente se dará dentro del sueño y es ahí donde verás un detalle diferente que te haga saber que realmente estás soñando. Por último, una mayor percepción será el resultado de las tres señales anteriores ya que al usarlas en conjunto será más fácil identificar los sueños de la realidad.

La constancia es la clave para conseguir un sueño lúcido y no existe un tiempo exacto para lograrlo pero cuando estas cuatro señales se mezclan con otros trucos como lo es dormir las horas necesarias y escribir los sueños para recordarlos (esto debe ser inmediatamente despiertes para no olvidar detalles) la posibilidad de lograrlo aumenta.

El mundo de los sueños es algo impalpable que sabemos se encuentra adherido a nosotrxs pero es tan cotidiano que hemos dejado de prestarle atención; soñar nutre nuestra esencia y es tan surreal que ni la ciencia misma ha encontrado una explicación certera y completa sobre este fenómeno así que, ¿por qué no conocernos a través de ello? Siendo algo tan complejo y a la vez tan alcanzable, ¿por qué no comenzamos a adentrarnos a nuestra mente? Quizás ahora mismo estás soñando…

¿Cómo puedes estar tan seguro siquiera de que tú existes?

Nemo, mr. nobody.

RHUTV

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