Los fantasmas que México no quiere ver

Escrito por el junio 25, 2020

Conforme el tiempo avanza los sectores de la sociedad que se habían visto afectados por ideas de superioridad que las ideas culturales habían inventado en siglos anteriores. En el 1955 la mujer pudo tener acceso al voto por primera vez, el inicio de los años 90 marcó para la comunidad gay y lésbica que el mundo dejara de ver sus preferencias como una enfermedad y en el 2011 se fortalecieron los derechos de los pueblos indígenas, por mencionar algunos grupos que recibieron apoyo después de siglos de opresión. Todos estos avances se dieron en contra de aversiones como la misoginia, la homofobia y la discriminación, sin embargo este 2020 ha abierto una serie de diálogos que parte de los mexicanos no sabían o no querían ver: el racismo y el clasismo.

A partir de lo sucedido posteriormente a la muerte de George Floyd en Minneapolis todo el mundo saltó en pro de la lucha en contra de los males que la comunidad negra sufre en Estados Unidos al grito de “Black Lives Matter”, acción aplaudible pero que en muchos despertó una incertidumbre: ¿Realmente les interesa el racismo o es solo porque “está de moda” o porque pasa en la nación capitalista por excelencia? Por un lado esta nación tiene una historia muy oscura creando cimientos sobre el sufrimiento de nativos americanos por los cuales nadie ha alzado la vos en la actualidad, pero ese tema les corresponde a ellos. Ahora, algo que nos compete a nosotros y debemos aceptar crudamente: la situación de racismo en nuestro país es muy grande como para querer enseñarle a alguien más a no discriminar cuando dentro de nuestro país discriminamos y segregamos.

Es difícil hablar sobre el racismo en México cuando no se sabe que nuestro país posee alrededor de un 1.66% de afrodescendientes y un 1% de gente con raíces asiáticas, y si no es suficiente el 11% de la población de nuestro país es de origen nativo, por mencionar algunos grupos. Hablamos de más de 16 millones de personas a las que se les ha reducido a términos como “el chinito”, “el negrito” o “el indito” llevándolo a la normalidad con un “racismo irónico” que solo nos quita la vista de los afectados. Más allá del uso de sus características de forma despectiva en el lenguaje, las posibilidades se desvanecen mientras tu tono de piel es más diferente.

Los denominados Whitexicans dicen que “pobre es el que quiere serlo” desde su posición en el 25% de la población más rica, cuando solo el 16% de las personas con tez oscura tiene oportunidad de llegar a un nivel superior de educación a la par de que tres cuartos de la población femenina está en riesgo de ni siquiera tener educación básica según estadísticas de Oxfam México. Y aceptémoslo: vivimos en un país racista en el cual tu capacidad está limitada por tu origen o tu color de piel, y es herencia cultural generado por la pigmentocracia durante la Nueva España y el periodo independentista haciendo menos al diferente, pero cada uno en su época.

Nos hemos dado cuenta del problema que es el racismo y la idea en contra se difunde de boca en boca , aunque algunos no vean su existencia desde su privilegio, toca cambiar nuestra forma de hablar y de pensar pero ¿Si ahora no es la piel sino el dinero que limita tus posibilidades? ¿Si las herramientas para que la juventud pueda mejorar las condiciones de su entorno no son accesibles a ellos? ¡Sorpresa! nuestro país también sufre de clasismo que nos ha hecho creer que tu valor se apega a tus pertenencias o a tus capacidades.

El problema no es la ambición de querer tener más, sino ver que el que tiene para menos es alguien “inferior”. Si vas en metro y no en Uber, si estudias en alguna escuela pública, si no tienes el celular más caro aunque no sea el mejor son razones que hacen a los individuos segregar a sus semejantes porque “no son de la misma calaña”. Es raro hablar de esta distinción social dentro de un país que tiene casi la mitad de la población en pobreza, sin embargo los estándares de consumo nos hacen desear un estatus que buscamos adquirir aunque no esté en nuestras capacidades, generando olas de consumismo que mantienen a la población pobre pero con una mínima sensación de superioridad.

Dos canceres silenciosos que terminan generan una cadena de segregación social: la raza genera desigualdad de oportunidades lo que a su vez hace que los índices de pobreza aumenten y lleve a que estas personas sean discriminadas por su poder adquisitivo. Así de fácil se divide una sociedad por querer ser mejor que alguien con quien tienen más similitudes que diferencias.

Tal vez el cambio de todo un país está a dos pasos de ser imposible, que sería extremadamente difícil para un ser mortal en un texto o en un discurso hacer cambiar las acciones de los 112 millones de habitantes que residen junto a él bajo el mismo gobierno y entre las mismas fronteras, sin embargo saber que hay gente hablando y luchando a la par aunque no sea juntos despierta la esperanza de cambio, de progreso. Nuestras acciones importan aunque sea para nuestro círculo más directo, para nuestra familia y para los más pequeños. Comencemos a tratarnos diferente, dejemos los estereotipos y juicios de lado para comenzar a ser diferentes y mejores seres humanos.

El racismo y el clasismo existen, pero debemos hacer que desaparezcan.


RHUTV

Current track
TITLE
ARTIST