Los agresores ¿intocables?

Escrito por el julio 16, 2020

Cada vez más mujeres han decidido hablar sobre las violencias que ciertos cantantes, actores y famosos en general han ejercido sobre ellas y a pesar de que las redes sociales han estallado con montones de testimonios, ellos siguen teniendo el respaldo de muchas personas, ¿cuando son hombres populares se vale perdonarlos?

En México, cada 4 minutos una mujer es violada. Esta cifra se repite -en mayor o menor escala- al rededor de todo el mundo; las violaciones, el abuso de poder y la cosificación femenina se han trivializado tanto que las víctimas continúan preguntándose si están exagerando y no les queda más que convertirse en mártires que sobreviven entre abusos.

Con el pasar del tiempo, las víctimas que habían quedado silenciadas poco a poco comenzaron a levantar la voz y, por medio de las redes sociales, se creó una comunidad de mujeres que compartían testimonios llenos de abusos y agresiones llevadas a cabo por hombres “reconocidos”, estas declaraciones dieron pie a movimientos como Yo sí te creo (España, 2018), Mirá cómo nos ponemos (Argentina, 2018) y quizás el primero en surgir: #MeToo que se originó en Estados Unidos en el año 2006, cuando la activista Tarana Burke lo usó para visibilizar a las mujeres de comunidades marginadas que habían sufrido algún tipo de violencia sexual pero este hashtag reviviría en 2017, a raíz de las acusaciones de agresión sexual en contra de Harvey Weinstein.

A la par que para Weinstein seguían sumándose acusaciones de muchas más mujeres, en México, Karla Souza fue la primera en declarar que al inicio de su carrera había sido acosada regularmente y con ella surgió el movimiento #MeTooMéxico que con el pasar de los meses fue expandiéndose hasta distintas áreas específicas como lo son #MeTooEscritoresMexicanos, #MeTooCineMexicano, #MeTooTeatroMexicano y #MeTooPeriodistasMexicanos, entre muchos otros más; bajo estos hashtags las víctimas de acoso y violación relatan sus historias dando nombres específicos de sus autores que generalmente son hombres “famosos” que, antes de la creación de esta enorme red de apoyo -por y para mujeres-, parecían intocables pero ahora se ha iluminado una cara que se había escondido por mucho tiempo, la del acoso sistemático y la agresión sexual.

A estas alturas, las redes sociales son importantes para cualquier persona y no se diga para quienes tienen una imagen pública, es por eso que difundir testimonios por estos medios es una parte esencial de esta revolución; hasta hace algunos años el ser reconocido por un público garantizaba abusos silenciosos y olvidados que han ido saliendo a la superficie acompañados de sororidad, comprensión y furia colectiva; el apoyo masivo, la contención emocional y el soporte femenino ha creado un ambiente de confianza para quienas se han quedado calladas por miedo o amenaza.

Sin embargo, la sociedad, los medios de comunicación y varixs seguidores de los famosos acusados han formado también una red de apatía en la que constantemente se revictimiza y ofende a la mujer que se atrevió a hablar y terminan protegiendo al violador por el hecho de hacer música, escribir, salir en televisión o producir películas. El pacto patriarcal sigue.

Por otra parte, quienes defienden a los agresores argumentan que la víctima tardó muchos años en hacerlo público porque seguramente “quiere fama”, lo que no saben es que después de un abuso te sientes rota, avergonzada, con miedo y, la mayoría de las veces, culpable porque eso es lo que nos han enseñado; se escudan diciendo que no hay una denuncia ante autoridades pero no hablan de los procesos jurídicos, esos que son largos, desgastantes y que terminan abandonados para convertirse en una carpeta más, una estadística que es usada para estamparla en la cara de las que usan las redes sociales para gritar la violencia que vivieron.

Ahora bien, parece ser que la sociedad y quienes conocen a los agresores, han decidido quedarse en la tibieza de no hacer nada ya que son pocas las personas que han tomado acciones directas para mostrar apoyo a la víctima; hemos visto bandas alejando integrantes de sus proyectos debido a estas denuncias y otras tantas ignorando por completo lo que ha sucedido pero nosotrxs como el público que los impulsa y sigue sus carreras, ¿qué deberíamos hacer?

Las acciones individuales como el “cancelar” y dejar de seguir en redes a una persona que se sabe agresor es una elección individual que se puede tomar cuando la radicalidad se tiene bien planteada mientras que el llamado “separar a la obra del autor” se dice tibia y sin verdadero apoyo a la víctima pero, en cualquiera de las dos opciones, se debe tener claro el por que se está tomando esa acción, no debemos olvidar los nombres de quienas se han atrevido a relatar sus violencias vividas.

A pesar de que el pacto patriarcal de defender agresores es algo que continúa, se ha logrado crear una espacia en donde las mujeres pueden hablar sin miedo y difundir masivamente su mensaje; poco a poco esta máscara del “agresor intocable” se ha ido develando para resaltar que sólo es un ser humano que puede ser señalado como cualquier otro que haya vulnerado a una mujer porque nuestro silencio ya no es una opción.

Mañana puedo ser yo la puta muerta/violada/golpeada del día. Pero bueno, estas son pendejadas por las que se preocupan las feminazis nomás, que son unas pinches exageradas. Y unas putas. Siempre, siempre putas.

Soy reputa, autora desconocida.
Post completo: https://www.elmundo.es/yodona/lifestyle/2016/10/20/580780da268e3ecd708b4637.html

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