LAs rebeldes mexicanAs.

Escrito por el noviembre 20, 2020

El 20 de noviembre de 1910 dio inicio la Revolución Mexicana, según la historia, los hombres se hicieron hermanos para derrocar el gobierno de Porfirio Díaz; armas, muertes heroicas y pulque se convirtieron en la vida cotidiana durante los siete años que duró la lucha pero, una vez más, quienes nos contaron cronológicamente este suceso olvidaron mencionar los nombres de aquellas mujeres que se convirtieron en rebeldes.

Es bien sabido que la historia ha sido creada por y para hombres, muchas voces femeninas han quedado en el completo olvido, pero somos nosotras mismas quienes reclamamos el protagonismo que se nos había negado. Cada vez surgen más investigaciones que visibilizan el papel de las mujeres en distintas luchas sociales, siempre hemos sido parte de los movimientos que han formado y deformado la identidad del país por lo que es necesario reescribir la historia, ahora nos toca contarla a nosotrAs.

La polaridad social que trajo consigo el régimen porfirista fue el detonante para que la rebelión estallara, si bien es cierto que durante este periodo hubo prosperidad en el país, estas riquezas y oportunidades estaban concentradas solamente en la élite ya que aunque muchas personas de la clase media estudiaron, no encontraban oportunidades para ejercer esos conocimientos. A pesar de que este movimiento fue protagonizado por las y los campesinos que entregaron sus vidas a través de un fusil, fue la clase media —que contaban con más privilegios que los campesinos— quien impulsó el movimiento para así beneficiarse (quizás) sin ensuciar sus manos estudiadas.

Confieso que a mí no me importaba la venganza del usurpador, no entendía bien a bien quién era el presidente de México y por qué era preciso quitarlo a sangre y pólvora. Después no hubo más remedio que me importara cada vez que lavaba un cuerpo herido, cada vez que veía salir un muerto […] cada vez que comprendía su hambre porque yo también la empecé a sentir…

Mónica Lavín, Las Rebeldes.

Fue debido al pensamiento de “modernidad y progreso” que el papel tradicional de las mujeres comenzó a cuestionarse y el nuevo discurso empezó a mermar en las familias mexicanas. Por otra parte, los movimientos feministas en Europa y las sufragistas norteamericanas originaron, en ciertos grupos de mujeres, la idea de cuestionarse su “rol natural” dentro de la sociedad.

Es así como madres e hijas, enfermeras, periodistas, cocineras, profesoras, adelitas y coronelas salieron a luchar desde su trinchera, debido a que este movimiento afectó a distintos sectores de la sociedad cada una aportó su conocimiento particular para así contribuir a la causa (como también era llamado el movimiento) y, sin saberlo, todas ellas estaban sembrando la semilla del feminismo mexicano.

Se fundaron clubes femeninos en los que se discutía la situación en el campo de batalla, maestras luchaban por obtener derechos civiles, políticos y hasta sexuales, otras tantas fungieron como espías y muchas más cumplieron el rol de alimentadoras. Estas luchas fueron silenciosas y es por eso que son invisibilizadas, la atención se focalizó en el campo de batalla pero, ¿quiénes cuidaban de los heridos y los muertos?

Las rebeldes en la enfermería.

Mientras el movimiento estallaba donde los fusiles escupían balas, diariamente esas balas alcanzaban a quienes protagonizaban la lucha. Decenas de heridos perdían la esperanza de recuperarse debido a las pocas mujeres enfermeras que cuidaban de ellos hasta que Leonor Villegas fundó la Cruz Blanca Constitucionalista en Nuevo Laredo.

Leonor Villegas “La Rebelde” (sentada) junto a una de sus ayudantes en la Cruz Blanca Constitucionalista y su estandarte.

El 17 de marzo de 1913 Leonor Villegas decidió dejar de lado a su marido e hijos para fundar la Cruz Blanca Constitucionalista, un grupo de mujeres que se encargaban de entrar a la zona de combate para proteger y curar a los heridos. La Rebelde, como después fue apodada Leonor, se despojó de sus privilegios oligárquicos para formar un ejército que se incorporó de una manera diferente a la causa y debido a su educación paralela entre Estados Unidos y México el panorama que existía en su mente iba más allá de ser una esposa y madre abnegada.

Las batallas que tuvieron lugar en la frontera norte del país fueron cubiertas por las brigadas dirigidas por Leonor y aunque aún no eran reconocidas con los altos mandos que se encontraban en medio de las balas, los heridos les eran encargados; cuando en 1915 la primer brigada de enfermeras y voluntarias fue disuelta comenzaron los andares en trenes por todo el país.

La toalla blanca -continua el relato de Leonor Villegas- fue la bandera que estrujó en sus manos y la acompañó durante el combate. Entre las balas y el rugir de los cañones, recordaba las palabras de su madre en sus juegos infantiles: “también las mujeres van a la guerra y llevan la bandera blanca, ellas cuidan de los soldados heridos”.

Leonor Villegas “La Rebelde”.

Las integrantas de esta nueva brigada sabían que dentro de aquellos vagones no existía la familia ni los intereses personales, todas ellas tuvieron el valor para abandonar su hogar y luchar juntas desde donde se les era permitido, desde sus trincheras de rebeldía se despojaron de algunos prejuicios, otra semilla para el feminismo mexicano. Montaron hospitales improvisados, velaron heridos y consiguieron víveres y medicamentos de manera ilegal, escribieron cartas para los familiares de campesinos moribundos, operaron, alimentaron y dieron su vida como las nuevas soldadas. No había descanso porque la revolución también dependía de ellas.

Estas mujeres se despojaron de los prejuicios que su posición social y contexto les permitió, comenzaron una revolución diferente dentro de la que todo el país vivía y así como ellas optaron por tomar bien fuerte el papel de enfermeras, hubo otras que se rebelaron con fusiles.

Las rebeldes con fusil.

Los modelos tradicionales de la época se rompieron aún más cuando las soldaderas o Adelitas cargaron su rifle y entraron al fuego cruzado. Este movimiento social y político fue el inicio perfecto para eliminar estereotipos sobre la delicadeza y debilidad de las mujeres de la época pero a pesar de que las mujeres buscaban igualdad en el campo de batalla, el patriarcado se encargó de hacerlas ver como un objeto más que complementaba la lucha, un ejemplo de esto es el corrido que ha sonado en todas las ceremonias de la Revolución Mexicana:

Si Adelita quisiera ser mi esposa,

Y si Adelita ya fuera mi mujer,

Le compraría un vestido de seda

Para llevarla a bailar al cuartel.

Adelita.

Es contradictorio pensar que esta es la manera en la que se recuerda a aquellas mujeres que cargaban con un rifle en la espalda, una vez más necesitamos replantear la manera en la que la historia está siendo contada para así darle el honor que las soldaderas merecen. No fueron objetos, fueron uno de los ejes principales para ganar la lucha.

A pesar de permanecer a la sombra de del machismo nacional, estas mujeres llevaron a cabo los mismos mandatos y tareas que los hombres con la carga extra de ser, al mismo tiempo, cocineras, cuidadoras, enfermeras, proveedoras de armas y hasta espías.

Con sus grandes faldas y carrilleras cruzadas que contenían las balas para enfrentar los disparos enemigos estas mujeres dejaron sus hogares para pelear por un cambio de gobierno en el país y sin saberlo se convirtieron en un estandarte silencioso que ahora grita más fuerte, porque como Elena Poniatowska menciona en su ensayo Las Soldaderas: “Sin ellas no hay Revolución Mexicana: ellas la mantuvieron viva y fecunda como la tierra”.

Las tintas rebeldes.

El papel de las mujeres no se limitó a tomar un fusil o cuidar a un herido, como se mencionó antes, cada una de ellas usaba su conocimiento para participar, a su manera, en la Revolución. Mientras algunas eran respetadas por ser coronelas o haber formado una red de enfermeras, otras tantas usaban la tinta de sus máquinas de escribir para gritar la verdad.

El porfiriato trajo consigo una abundante variedad en los periódicos ya que existían publicaciones para cualquier persona pero eso no significaba que hubiera una verdadera libertad de expresión debido a que el presidente prefería reprimir a los periodistas opositores, esta decisión duró todo el mandato presidencial por lo que la Revolución también fue la válvula de escape para quienes tenían el poder de comunicar y habían sido censurados por pensar como opositores.

Las otras soldaderas, aquellas que no estaba directamente en el campo de batalla, formaron sus propios periódicos para hablar libremente sobre todo lo que pasaba en el país y la forma en la que se había gobernado éste desde que Díaz llegó al poder. Figuras como Elisa Acuña Rosete, quien desde la cárcel comenzó a contrabandear sus publicaciones con ayuda de Juana Gutiérrez de Mendoza y Dolores Jiménez y Muro, entre las penumbras de una libertad limitada, esto las motivó a continuar defendiendo la única libertad que les quedaba, el pensamiento.

Es así como nacen publicaciones centradas en la política y los movimientos sociales y rompe con las cadenas de las revistas llenas de recetas y reglas de etiqueta; en este espacio de tinta se buscaba hacer denuncias públicas sobre las violaciones de derechos y cómo las mujeres podían participar en la causa.

Por otra parte, hubo unas cuantas periodistas que se quedaron a las fueras del campo de batalla para ser testigas de lo que sucedía y así, mediante sus escritos, poder difundirlo. Esas mujeres fueron quienes comenzaron a distribuir propaganda opositora al régimen establecido, algunas de ellas —las más privilegiadas— podían cargar con sus máquinas de escribir por lo que también redactaban cartas a los familiares de los soldados mientras que otras usaban sus manos para describir lo que sus ojos veían.

Entre persecuciones y riesgos, las mujeres periodistas le dieron una sola voz a quienes cruzaban las balas por crear un país más justo. Todas ellas olvidaron la vida periodística tranquila para unirse a la resistencia y así comenzar a conocer una nueva realidad.

-A ti también te pueden herir, Jenny Page, ¿a poco crees que no matan periodistas?

Mónica Lavín, Las Rebeldes.

El hecho de que las mujeres se convirtieran en sujetas de la lucha que se estaba llevando a cabo no terminó de eliminar los prejuicios que existían en torno a la “feminidad” de aquellos tiempos, es por esto que es importante recordarlas como las rebeldes que rompieron los esquemas del patriarcado y en lugar de ser víctimas de la situación nacional se hicieron protagonistas de ella. Todas ellas soldaderas de diferentes causas, en diferentes trincheras y con diferentes formas de luchar pero que siguen siendo protagonistas de una lucha que nosotros conocíamos sin ellas pero esa parte de la historia ya terminó y ahora quienes formamos parte de una revolución diferente somos las encargadas de darles la voz que habían perdido.

Nunca más una historia sin nosotras.


RHUTV

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