La Rosa Púrpura: las historias presenta…

Escrito por el junio 17, 2020

El Cazafantasmas

En mi casa hay un fantasma. Sale por las noches, lo escucho por las escaleras, luego pasa por mi puerta y después desaparece. Al principio me daba mucho miedo, pensé que quería comerme pero luego me di cuenta que estaba triste, el pobrecito llora despacio todas las noches.

Les platiqué a otros niños en la escuela pero dicen que estoy loco, siempre piensan eso. Ahora estoy solo siempre en el recreo.

Ni siquiera mi mamá me cree, dice que debo dejar de ver tanta televisión pero la pobre debe tener miedo. Mi papi, antes de irse con su tío del norte, me dijo que yo sería el hombre de la casa y debía cuidar a mi mami. Yo se lo prometí.

Una noche decidí poner más atención. Como cada viernes, todo está callado en casa, de repente el perro del vecino ladra, escucho como la madera de las escaleras cruje. Las manos me sudan y mi corazón late muy fuerte, el fantasma se arrastra pero no habla, después ya no lo escucho y un momento después llora. No lo hace fuerte, lo hace como si quisiera esconder que llora ¿Qué lo pondrá tan triste?¿Piensa que somos su familia? No creo que sea el abuelo.

A la semana siguiente tuve que pensar en todo. Estaba decidido a capturar al fantasma, no me importaba que estuviera triste, era un fantasma y me daba miedo. El momento perfecto para atraparlo era cuando estuviera llorando así sus lágrimas no lo dejarían verme y lo tomaría por sorpresa. Así lo haré.

Otra vez viernes en la noche. Mi mamá me mandó a dormir como cada día. En mi cuarto ya tenía mi máscara de luchador lista para usarla y una de las muletas que usé cuando me lastimé la pierna. Lo golpearía hasta que desapareciera y no volviera jamás. Esperé paciente y entonces lo escuché, primero el perro, las escaleras y después nada. Ya con mi máscara puesta, tomé la muleta y me puse detrás de mi puerta para esperar el momento. El fantasma estaba llorando.

Abrí la puerta de mi cuarto, miré hacia los lados pero no estaba. Del lado izquierdo, el cuarto de mamá estaba entreabierto y de ahí venía el llanto. Apreté con fuerza la muleta y corrí hacia el cuarto, abrí la puerta para rescatar a mamá de las garras de ese fantasma chillón pero se había ido, en el cuarto sólo estaba mi mamá y el maestro Mario, los dos sobre la cama cubiertos por las sábanas.

-¿Maestro Mario? ¿Qué hace usted aquí?- le pregunté.

-¡Hola, Carlitos! E-este yo… mmm… vine a…

-¡Vino por el fantasma!- contestó mi mamá.

-¿Él sabe del fantasma?

-¡Sí! Le platiqué y dijo que me ayudaría a ahuyentarlo pero veo que tú ya estabas listo para enfrentarlo ¡Que valiente, mijo!

Después de esa noche no volví a escuchar al fantasma, también le prometí a mamá que no volvería hablar sobre él por eso te pido guardes el secreto.

No sé que le habrá hecho el maestro Mario a ese fantasma para que ya no regresara pero sí sé que mi muleta y yo lo seguiremos esperando.  

Ilustración: Nazul Uribe


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