La Rosa Púrpura: las historias presenta…

Escrito por el junio 8, 2020

Sueños en la calle

Había que seleccionar el lugar. Uno que pudiera ser visto por varias personas. De eso se trata, de que te vean, que sepan que existes y tienes un nombre.

El lugar que escogí fue una tienda de conveniencia de servicio las 24 horas dentro del barrio. El dueño era un viejo así que sería algo sencillo. La estrategia era que Toño entrara a la tienda para distraerlo mientras hacía lo mío en una de las ventanas de la tienda, sus muros estaban ya tapizados de nombres de otros, el mío debía brillar en esos limpios y transparentes vidrios.

Toño es algo así como mi ayudante, el típico morro ñoño de secundaria que intenta hacerse el duro para no sentirse tan tonto frente a los demás y de paso hacerse de un nombre dentro de los que nos dedicamos al grafiti. Su forma tan propia de hablar y su aspecto de niño bueno bajo una sudadera holgada eran suficientes para tener la atención del viejo,

Fue en corto, sólo esperé un poco después de que Toño entró, saqué mi lata y en segundos Sencko ya era parte de la fachada. El dueño sí alcanzó a darse cuenta pero Toño se salió en chinga cuando le chiflé así que no hubo mayor problema y además ni siquiera vivíamos tan cerca de esa tienda.

Corrimos ocho calles hasta el parque, a esa hora de la noche nadie que estuviera en sus cinco sentido nos hubiera visto.

-No mames, pensé que me jalaría o algo cuando se dio cuenta de lo que estabas haciendo en su vidrio- me dijo Toño bastante agitado.

-Era un viejo, ya no responden igual y en caso de que lo hubiera hecho, habría entrado por ti- le conteste mientras recuperaba el aliento.

-Sólo espero no haya visto bien mi rostro, creo que mi abuela a veces compra billetes de lotería ahí- dijo un poco preocupado.

-Tranquilo, eso no pasará. Además traías puesta la capucha de tu sudadera.

-Eso sí. ¿Qué tal tú? ¿Quedó bien?- me preguntó.

-Claro, mañana por la tarde pasaré a tomar una fotografía para mi blog- le contesté con alegría.

-Que chingón. Oye, ¿Cuándo podré escribir yo?

-Cuando tengas tu puto nombre.

-Ya lo tengo y esta vez es definitivo- me aseguró.

-Mientras no sea esa pendejada de “Mañoso” que me dijiste la otra vez jajaja

-No, esta vez es en serio. Mi nombre será Darbi.

-No suena mal.

-¿En serio? ¿Te gusta?- preguntó emocionado como si esperara mi aprobación.

-Mira, ya es bastante tarde, mi mamá despertará en un par de horas. Te veo mañana en mi casa a eso de las 4, lleva algunos diseños con ese nombre y vemos que se puede hacer.

-Claro, mañana te veo entonces- me contestó mientras se despedía con ademanes para luego dar media vuelta y caminar hacia su casa.

-Oye… gracias- le dije y él volteó sonriente con el pulgar arriba como respuesta.

Tal como lo acordamos, nos reunimos en mi casa, era sencillo mientras mi mamá trabajaba. Llevó varias ideas, la verdad no eran muy buenas, se veía que había copiado los diseños que aparecen en internet cuando buscas la palabra grafiti pero casi todos empezamos así y la verdad, se veía bastante emocionado y conforme con su Darbi, me parecía un buen nombre.

Cuando terminamos de ver eso, le platiqué sobre un nuevo lugar que tenía en mente. Había decidido ir a otro nivel.

-¿La casa de Paulo Calavieras? Debes estar loco si crees que podrás pitar ahí- me contestó después de platicarle mi plan.

-Sé que suena imposible pero de verdad quiero hacerlo. Quiero dejar mi nombre en este pedo, quiero que me recuerden en La Rosa Púrpura como Sencko el único que se atrevió a firmar en la casa de Paulo Calavieras y no como el perdedor que fue rechazado por la escuela de artes.

-Tú mismo acabas de decir su nombre y aún así quieres hacerlo. El tipo quiere ser jefe de gobierno de La Rosa Púrpura, vive en la zona cara y ¿has escuchado lo que dicen sobre él?- me cuestionó.

-Sí, todos esos rumores de que es el líder de una organización criminal. Pero entiende, justo por eso lo hago, velo como una especie de burla y escuché que no está en la ciudad.

-No sé si podré ayudarte en esto, es demasiado peligroso.

-Te entiendo pero de esto se trata este pedo, Darbi. He decidido hacerlo mañana en la noche, si quieres acompañarme te veo en la estatua de Kalán a las 10 con tu bicicleta ¿Cuento cotigo?- le pregunté.

-Bueno, mañana a las 10 pero sólo si me dejas poner mi nombre también.

-No inventes, primeros dudas de que lo pueda lograr y ahora hasta tú quieres hacerlo.

-Algo debo ganar por el riesgo.

Lo pensé unos segundos y acepté pero le dejé bien en claro que no sería seguro. La verdad es que hasta yo dudaba de poder hacerlo pero el simple hecho de imaginarlo me emocionaba.

Al día siguiente justo al lado de la estatua del “héroe” Kalán esperaba a Toño. Eran ya las 10:10 de la noche y pensé que no llegaría pero a lo lejos pude ver la estúpida canasta de su bicicleta.

-¿Aún no has quitado esa pinche canasta de tu bici?

-No, es útil cuando mi abuela me manda a comprar algo.

-Bueno, pondré esto aquí entonces- burlonamente le decía mientras ponía una lata en la canasta.

-¿Es en serio?- me preguntó con una gran sonrisa.

-Así es, para que por fin Darbi aparezca. No te prometo que sea hoy pero puede suceder.

Terminamos de prepararnos y salimos hacia casa de Paulo Calavieras. La zona en la que vivía era diferente a nuestro barrio, ahí las banquetas eran derechas y bien pintadas, botes de basura en cada esquina, fuentes y carros bonitos. Por suerte no quedaba tan lejos, llegamos en poco menos de media hora.

La casa era grande y bastante bonita, al menos así me parecía. Las luces de las ventanas estaban apagadas, justo como lo tenía en cuenta, Paulo no estaba.  Nos colocamos en un costado y comencé a pintar sobre el muro mientras Toño vigilaba mi espalda.

Era el Sencko más grande que había hecho, resaltaba muy bien sobre el muro, lo único que faltaba para poder irnos era tomar una fotografía así que saqué mi celular.

-Espera, tengo una idea- me interrumpió Toño.

-No mames, ¿Cuál?

-Pon una corona arriba de la “S”.

-¿Para qué chingados haría eso?

-Para decir que eres “El Rey”. Se vería muy chido- me aseguró.

-Eres un pendejo, no voy a…

Escuchamos un auto que se acercaba, lo único en que pensamos fue ocultarnos, huir sería demasiado ruidoso. El auto se detuvo y de él bajaron dos hombres que sacaron un cadáver de la cajuela. Te juro que pensé en que todo terminaría ahí, que nos descubrirían y que nos matarían, supongo que Toño pensaba lo mismo porque veía como temblaba. No avanzaron mucho sólo hasta el jardín y ahí dejaron el cuerpo como si se tratara de un mensaje. Volvieron a su auto y se fueron sin saber que estuvimos ahí.

Toño y yo nos miramos y rápido subimos a nuestras bicicletas. Nunca había pedaleado con tanta fuerza y supongo que Toño tampoco. No nos detuvimos hasta llegar al barrio.

 -Mierda, eso estuvo jodido- le dije a Toño quien aún se veía incrédulo de lo que habíamos presenciado.

-Ni siquiera puedo creer que estemos aquí.

-Creo que lo mejor será olvidar lo que pasó. No hay que hablar sobre esto, nunca.

-¿Y qué hay del grafiti?

 -Olvida eso, fue una estupidez… tenías razón.

-Pero ya está hecho, seguramente se hablará en las noticias sobre el cadáver. Existe la posibilidad de que tu nombre salga en televisión- me decía Toño como si fuera el momento más grande de mi vida.

-¡Cállate! ¿No entiendes? Pudieron habernos matado por mi culpa, por un pendejo grafiti- le grité

-No te entiendo, primero me hablas de sueños, de no ser un fracasado y ahora simplemente quieres olvidarlo. ¿Qué hay de Sencko y Darbi?

-Dejaré esto.

-¿Qué?

-Estoy fuera de esto, no más Sencko, no más pintas, no más pendejadas y será mejor que tú lo dejes también.

-¿Yo por qué? Apenas pensé en un nombre… ¿es eso? ¿mi nombre? Quizá ahora que ya tengo un nombre y que podré firmar tienes miedo de que sea mejor que tú.

-Estás diciendo puras pendejadas ¿qué chingados pasa contigo? Eres bueno en la escuela, tu abuela te quiere. Puedes tener más amigos, conoce y sal con otras personas, no eres un pendejo.

-Dame la lata.

-¿Qué dices?

-Que me des la pinche lata, yo la compré ¿recuerdas?.

-Toño, no mames.

-¡Darbi! Apréndelo bien porque será el nombre que verás desde ahora.

Tomó la lata de pintura y se fue en su bicicleta. No supe que más decirle pero preferí irlo a buscar a su casa cuando saliera el sol para platicar con él, quizá las cosas estarían más tranquilas y entendería lo que trataba de decirle. El grafiti no estaba mal, arriesgar todo por el reconocimiento de los demás era lo que estaba mal.

 Durmiendo en mi casa me despertaron los golpes en la puerta a la tarde siguiente. Salí a ver quién era. Eran Demmo y Ziox, otros grafiteros del barrio con los que solía salir.

-¿Qué pedo? Trae tu bici y vámonos- me dijo Demmo.

-Creo que es buen momento. Dejaré esto, me concentraré en el examen de admisión a la escuela de artes y ya no pintaré más- les confesé.

Se miraron confundidos el uno al otro. Ziox bajó la cabeza y Demmo me miró fijamente.

-Entendemos eso pero no es la razón por la que vinimos a buscarte- me aclaró Demmo.

-¿Entonces?

-El viejo de la tienda a la que fuiste a pintar hace unos días le disparó a Toño en la madrugada. Según lo que escuchamos, Toño fue a poner su nombre y el tipo lo sorprendió. Le voló la cabeza con una escopeta… una puta escopeta…- me relató Ziox apretando los dientes.

 -Su abuela está en el hospital, se puso muy mal cuando se enteró. Vinimos a decirte porque eras el único de nosotros que le hablaba- explicó Demmo.

Después de eso se fueron y yo me quedé llorando después de cerrar la puerta. Me sentía culpable, no debí dejarlo ir así, debí asegurarme de que entendiera lo que trataba de decirle pero ya no podía hacer algo… o tal vez sí.

En la noche fui a la tienda del viejo, ya estaba clausurada pero sus paredes y ventanas no. Fue fácil ver donde Toño puso su nombre, sí, justo en un cristal ocupando el lugar que días atrás decía Sencko ahora lucía un continuo y estilizado Darbi. Saqué una lata de pintura de mi mochila y sólo con la imagen de Toño en la mente, pinté. Quedó entonces ese gran nombre con una nueva corona sobre la “D”.

Darbi “El Rey”.

Ilustración: Nazul Uribe


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