La música como arma de lucha; Óscar Chávez y Tony Allen

Escrito por el mayo 13, 2020

El primero fue un cantautor y actor mexicano, el segundo un baterista y compositor nigeriano. A primera vista pareciera que lo único que une a Óscar Chávez y Tony Allen es una profunda pasión por la música.

Nunca se conocieron, no realizaron una composición en conjunto y mucho menos compartían el mismo estilo musical. 

Entonces, ¿qué tenían en común? Tras su reciente partida, ambos artistas dejan tras de sí un importante legado a través del cual demostraron que la música puede ser una arma de lucha.

Óscar Chávez, el trovador de la protesta

Recientemente, México despidió a uno de sus más grandes folcloristas de las últimas décadas. 

Su fallecimiento no sólo se dio durante la pandemia por el virus COVID-19, sino que fue a causa de éste. 

Desde su nacimiento en la colonia Portales en el año 1935, su vida parecía ligada intrínsecamente a la cultura popular.

Óscar Chávez Fernández heredó de su padre, un guitarrista y cantante, más por gusto que por profesión, la pasión por la música.

En los inicios de su carrera como trovador, rescató viejas canciones mexicanas que junto a José González Márquez tocaba en diversos lugares públicos. 

Después dedicaría unos años a estudiar y actuar en teatro, tanto en el Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA) como en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

También actuó en diversas películas mexicanas, pero sin duda el papel que marcó su carrera fue el que interpretó en “Los Caifanes” (1967) del director Juan Ibáñez, película icónica del cine mexicano.

Además, fue también locutor, productor y programador en Radio UNAM.

Finalmente, se dedicaría por completo a la música, no sólo al continuar con el rescate y la profunda investigación de la canción popular mexicana, también haciendo composiciones propias.

Aunque en su repertorio de más de cien discos también le cantaba al amor, su lírica cargada de crítica, parodia política y sátira, y su voz de barítono le distinguió siempre en cualquier escenario que pisaba.

Sus canciones, además, acompañaron y respaldaron importantes movimientos sociales como el estudiantil del 68 y el encabezado por el Ejército Zapatista de Liberación Nacional.

Óscar Chávez enalteció la música y cultura popular de varios estados del país, como Oaxaca, Guerrero, Chiapas, la Ciudad de México, entre otros; incluso de Latinoamérica, a donde también llegó su trova.

“El Caifán Mayor” llevó una vida revolucionaria a través de la música, con canciones de protesta y denuncia social y un estilo de interpretación único. 

Tony Allen, el baterista del afrobeat 

En 1940, bajo el nombre de Tony Oladipo Allen, nació en Lagos, quien es considerado por muchos uno de los mejores bateristas del mundo. 

Desde pequeño, Tony Allen comenzó a tocar la batería. Su gusto por la música se acentuó mientras trabajaba para la Radio Nacional Nigeriana. Tenía un gran interés por el jazz, pero sobre todo por ritmos originarios de su continente: el highlife, surgido en Ghana, el yoruba, tradicional de un pueblo africano del mismo nombre y el juju, popular nigeriano.

Escuchó y estudió tanto estos géneros, que incluso disfrutaba tocándolos como DJ en fiestas. Más tarde, comenzaría a tocar como baterista en distintas bandas.

Para 1964, uniría talentos con Fela Kuti, -multiinstrumentista también africano-, en el grupo Koola Lobitos, que más tarde cambiaría su nombre por Africa 70, en el que Allen fue baterista y director musical. 

En dicha agrupación,  juntos crearían el afrobeat, como resultado de mezclar la música yoruba con el jazz, el funk y el highlife principalmente. 

Pero el afrobeat de Allen y Kuti no sólo sería recordado por su sonido, sino por los temas que lo acompañaban, enfocados en defender los derechos humanos, en una época en la que África atravesaba por conflictos sociales y políticos como guerras civiles.

Sus canciones se convirtieron en revolucionarias, al tratar temas como la imperante corrupción y la desigualdad social del continente africano.

El activismo de la banda y en específico de Kuti, les atrajo conflictos con el gobierno, y el ejército destruyó la casa del líder del grupo, a quien además arrestaron múltiples ocasiones.

Aunado a los problemas financieros, el final de Africa 70 era inminente.

Tony Allen decidió entonces abandonar el grupo y comenzar una carrera como solista. Su debut fue con el álbum “Progress”, que grabó años atrás, en 1977, con los integrantes de Africa 70 como banda de apoyo.

Después de grabar otros discos como solista, comenzó a colaborar con  grandes artistas e incursionar en distintos géneros.

Trabajó con: Common, Manu Dibango, Charlotte Gainsbourg, Grace Jones, y otros más. Pero una de sus colaboraciones más destacadas sería la que lo unió a Damon Albarn, de Blur. con quien además formaría The Good, The Bad and The Queen, junto a Paul Simonon de The Clash.

Después, y también junto a Albarn, formaría parte de dos proyectos: Rocket Juice & The Moon, con Flea de Red Hot Chilli Peppers; y Africa Express. Y recientemente con Gorillaz.

Doble despedida

El pasado 30 de abril, Óscar Chávez y Tony Allen fallecieron. Pero la fecha de su partida es apenas una de las coincidencias que marcaron el legado que ambos artistas dejan.

No sólo hay que reconocer su talento para crear música que conectara con personas de todas las edades, también su incansable labor para rescatar su cultura, su identidad, y contagiar a muchos su amor por sus raíces, por la música tradicional y las causas de sus lugares de origen.

Sin la posibilidad de congregarse para rendirles un gran y merecido homenaje, sólo queda escuchar su música y mantener viva su lucha a través de ella.

Vía: Blitz y Fonoteca Nacional

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