La importancia de un hogar digno en tiempos de COVID-19

Escrito por el marzo 23, 2020

En los últimos días hemos romantizado la idea del confinamiento en casa, he leído infinidad de comentarios, visto miles de stories cada vez que abro una red social o leído centenares de artículos en blogs denunciando el aburrimiento, recomendando series o música para escuchar, llamar a seres queridos si la soledad se hace presente o por qué no, tips con recetas para preparar en casa entre otros tantos tips para aquellos que andan estudiando o trabajando a distancia. 

¿Es acaso que no queremos ver nada más que nuestra realidad? Hace unos días veía un video circulando de actores cantando Imagine de Jonh Lennon y a gente molesta que reclamaba qué cuándo les dimos el estandarte de la paz a esos tipos. En cierto sentido, tenían algo de razón. 

Pensemos por un momento que no tenemos ni el estilo de vida, ni la posición económica que ellos tienen; pero este pensamiento me lleva a uno aún más drástico: Hemos estado romantizando el confinamiento voluntario en nuestras casas. 

Sí, muchos, incluyéndome, tenemos la fortuna de poder trabajar a distancia desde nuestras computadoras, de estudiar también en ella. Muchos han querido solidarizarse con videos o imágenes en tutoriales mostrándonos cosas nuevas por aprender desde el hogar, la misma televisión lo hace, pero y qué con aquellos que viven al día, con los que deben salir de sus hogares cada mañana para poder comer, con los que no trabajan en empresas conscientes y a quienes les descuentan el día si faltan. Nos hace falta mucha cultura no solo de la prevención sino empresarial. Qué pasa con los estudiantes en cuyas escuelas no hay los suficientes recursos o peor tantito que no tienen ni los servicios que gente como “nosotros” considera como “básicos” como el internet. Qué hay de quienes se resguardan en la calle y no tienen ni familia. 

Esta cuarentena entre todas sus implicaciones, nos hará darnos cuenta de que las clases sociales no solo existen, sino que importan. Es claro que se vendrán épocas duras para todos nosotros, pero más para los de las clases más bajas. 

No es lo mismo pasar el día en mansiones de lujo con enormes jardines que en minúsculos pisos de protección oficial donde las ventanas son tan pequeñas que por ellas apenas entra luz. No es lo es mismo pasarlo en casa viendo la televisión o disfrutando de cualquier servicio de streaming que en uno en donde ni siquiera cuentan con agua suficiente o luz eléctrica. 

Sí, romantizar la cuarentena es un privilegio de clase.

Es paradójico que precisamente cuando nos vemos forzados a aislarnos es cuando nos damos cuenta de que vivimos en una sociedad. En una liberal y capitalista, concretamente. Porque la calle nos iguala. Cuando cerramos a nuestra espalda la puerta parecemos mal que bien todos iguales. Hacemos más o menos las mismas cosas, llevamos más o menos la misma ropa, vemos más o menos los mismos programas y tenemos más o menos las mismas preocupaciones. Que si el alquiler, que si la alacena, que si los impuestos. 

Esta no es más que una oportunidad que nos recuerda la fortuna que tenemos, el confinamiento apenas comienza y hay quienes siguen saliendo a la calle, algunos por necedad, otros cuantos por necesidad. El fin es sencillo: aplanar la curva de contagios para evitar saturar a nuestro sistema de salud, la pregunta es ¿lo conseguiremos? Está por verse. 


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