La gravedad no existe en los sueños.

Escrito por el octubre 13, 2020

Entre humo de colores, telas y música fuimos transportados a un sueño donde cualquiera pudo ser lo que imaginaba de pequeño.

Juan Amezcua, encargado de la música en ensayos previos.
Fotografía por Paula Vázquez.

Las instalaciones de Calembur y sus artistas fueron la cede para un espectáculo lleno de magia y ensoñación. Transmitido por La Magazín el pasado sábado 10 de octubre, Soñar fue el espectáculo de danza aérea que detuvo el tiempo cuando las luces se centraron en las telas que firmemente colgaban desde las alturas para enseñarnos que es posible volar.

Un par de horas antes de iniciar con aquella magia, el humo que salía de las máquinas se mezclaba con los nervios de los integrantes de Planeando Ideas, Mexa Producciones y Grupo de Teatro ALBOE, quienes estuvieron detrás de cada cámara; las pruebas y errores llenaron los cables por donde viajó la transmisión, el reloj parecía saltar de una hora a otra y cada vez faltaba menos para comprobar si todo saldría como en los ensayos previos.

La música de la batería retumbaba en el lugar mientras que el piso acolchonado se transformaba poco a poco en el escenario principal mientras que la gravedad parecía no existir en el aire.

Karina Guzmán, la directora de Calembur en el calentamiento antes del espectáculo.
Fotografía por Paula Vázquez.

Las luces jugaban intermitentemente con el calentamiento de los cuerpos al mismo tiempo que las voces de quienes coordinaban la futura transmisión fijaban los últimos detalles.

Karina en el aro, Blanca y Luis ensayando detrás.
Fotografía por Paula Vázquez.

La cuenta regresiva comenzó más rápido de lo esperado, todo se quedó en silencio para dar paso al mundo que se había creado entre las telas y cuerdas. Comenzamos a soñar cuando a las 8:30 de la noche el tiempo se detuvo.

Paola Pérez abriendo espectacularmente la transmisión en vivo.
Fotografía por Paula Vázquez.

El blanco de su ropa resaltaba entre la oscuridad cuando el aire se convirtió en su nuevo lugar seguro.

Paola fusionándose con los straps.
Fotografía por Paula Vázquez.

El control total de cada movimiento se reflejaba en los giros que cada vez eran más rápidos.

Paola a una distancia muy corta del piso, pudo volar.
Fotografía por Paula Vázquez.

Y cuando la primer parte de la música terminó, las cuerdas fueron reemplazadas por un aro.

Karina siendo llamada divinamente por el aro.
Fotografía por Paula Vázquez.

El ensueño continuaba mientras el aro, forrado de negro, se fundía con la oscuridad que existía fuera del círculo de luz amarilla. Parecía volar de un lado a otro.

Karina suspendida en el aire por unos segundos, en aquella posición parecía imposible.
Fotografía por Paula Vázquez.

Su cabello parecía ceder entre aquellos giros y movimientos delicados pero eso no impedía continuar con la rutina.

Karina momentos antes de terminar con su acto. “¡No corras!” Se repetía mentalmente.
Fotografía por Paula Vázquez.

Después de unos segundos donde el piso parecía reclamarla de nuevo, al fondo del escenario surgió una figura masculina que entre cuerdas comenzó un nuevo sueño.

Luis reconociendo las cuerdas para unirse a ellas.
Fotografía por Paula Vázquez.

Con delicadeza y agilidad, cada extremidad de su cuerpo se aferraba a la cuerda pero al mismo tiempo lograba moverse rápidamente.

Luis sujetándose firmemente de una cuerda que nunca cedió ante los movimientos.
Fotografía por Paula Vázquez.

Mientras el as de luz se desvanecía y el humo regresaba, del otro lado del lugar emergió, con una luz cálida, otra mujer que estaba dispuesta a hacernos sentir escalofríos con su danza.

Blanca Guzmán comenzando su danza, el piso fue su lugar.
Fotografía por Paula Vázquez.

Saltando de un lado a otro, las luces seguían cada elemento que la componía hasta que, como un espejo, alguien más se unió a aquel vaivén de desplazamientos.

En sincronía, los dos cuerpos comenzaron a danzar.
Fotografía por Paula Vázquez.

El escenario parecía quedar pequeño en esta danza, ambos se impulsaban de un lado a otro mientras la música se acoplaba perfectamente a ellos.

Ayudándose mutuamente se adueñaron de cada sitio.
Fotografía por Paula Vázquez.

Y de un momento a otro, las colchonetas se llenaron de talento cuando las luces explotaron para dar paso a todos los actos; todo sucedía al mismo tiempo y la música reventaba el ambiente.

La energía se concentraba en distintos puntos, todo paralelamente.
Fotografía por Paula Vázquez.

Hasta que el silencio consumió el ambiente, las luces bajaron, las respiraciones de cada protagonista empezaron a ceder y de nuevo, aquel piso los llamó para salir del sueño. Todos regresamos a la realidad.

La miradas se fijaron al frente cuando la calma llegó.
Fotografía por Paula Vázquez.

Y las sonrisas de satisfacción inundaron los rostros de quienes hicieron posible este encuentro entre la realidad que nos absorbe y los sueños que nos mantienen vivos.

Al tocar el piso un golpe de realidad fue inminente.
Fotografía por Paula Vázquez.

Fue así, como en media hora el tiempo se detuvo y cada espectador quedó sumido en un entorno mágico donde cada quien se dejó guiar por sus sueños mientras la gravedad parecía inexistente mientras las telas, aros y cuerdas fungían como ancla a la realidad.

El espectáculo terminó pero se ha quedado guardado por si necesitamos un nuevo escape.


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