Invasión a tu intimidad sexual y Derechos Humanos.

Escrito por el abril 7, 2017

Dr. Edgar Vázquez Ávila Doctor en Derecho: Académico, especialista en Derecho Penal y temas de Andragogía, Bioética y Calidad de Vida.

 

Si el lector de esta columna aún piensa en la posibilidad de no exponer su seguridad al compartir a través de internet o de redes sociales su información personal o en la posibilidad de ser vigilado según lo expuesto por el firmante en el artículo publicado el pasado 13 de marzo de los corrientes, bajo el título Panóptico Digital ¿Quién y para qué nos vigila?

Les comparto una forma más, de crear un perfil de uso en las personas, desde más allá de su intimidad, es así, que en esta ocasión me refiero a la intimidad sexual, sí, como lo esta leyendo, intimidad sexual que queda expuesta en manos de no se sabe ¿quién? y no me refiero a compartir de manera voluntaria datos relacionados a la intimidad sexual, comúnmente conocido como sexting (envío de mensajes, vídeos o fotos de contenido sexual por medio de los teléfonos celulares).

Más bien me refiero y les hago saber que a distancia se puede obtener cierta información relacionada a la actividad sexual de los usuarios que adquieren algunos productos eróticos, tal es el caso de vibradores que cuentan con un dispositivo bluetooth que permite a las parejas o usuarios de esta tecnología salir de la monotonía y encontrar una nueva forma de encender la llama del amor y el erotismo, ya sea que se encuentren juntos o de forma separada, ya que dicho juguete sexual se controla desde cualquier Smartphone a través de una App que permite manejar el dispositivo a distancia, lo cual facilita el control de tal juguete de manera remota, en virtud que la App permite cambiar los modos o tipos de vibración por medio del cual se pretende buscar y dar placer sexual a la persona que lo este utilizando; sin que dicho usuario exprese su consentimiento a la empresa o fabricante del juguete, que al mismo tiempo a distancia recibe datos e información personal sobre el uso del juguete sexual en comento, información que consiste en el envío de datos relacionados con el usuario como lo es: su temperatura corporal, opciones de vibración elegida al momento de usar el producto, tiempo de uso; información de datos que le es espiada y robada a los usuarios sin que estos se enteren, aunado a no saber el fin para el cual son utilizados.
Al respecto, en Las Vegas el año pasado a través de la conferencia Def Con, los hackers Goldfisk y Follower, presentaron un estudio sobre los problemas de la App en comento, por medio de la cual ponen al descubierto que la aplicación enviaba información al fabricante.

Y para mayor abundamiento de lo anterior, verbigracia, lo sucedido hace unos días con una empresa canadiense que fabrica vibradores We-Vibe, misma que ha sido condenada con una multa millonaria, por recopilar información de sus clientes a través del uso de uno de sus productos y la aplicación llamada We – Connect que permite controlar el vibrador “We-Vibe 4 Plus”

Así es lector, es más que posible hackear un vibrador. Con lo que, indudablemente y a todas luces se viola lo dispuesto por el artículo 11 de la Convención Americana sobre Derechos Humanos – CADH (Pacto de San José) que reza:

Nadie puede ser objeto de injerencias arbitrarias o abusivas en su vida privada, en la de su familia, en su domicilio o en su correspondencia, ni de ataques ilegales a su honra o reputación. Toda persona tiene derecho a la protección de la ley contra esas injerencias o esos ataques.

Es así que, en el caso de que el fabricante o la empresa que recabó la información de sus clientes o usuarios señalada en párrafos anteriores, con el uso del vibrador “We – Vibe 4 Plus” y a través de la aplicación llamada We – Connect, ejecutó una completa intromisión en la vida sexual de los usuarios de dicho producto o juguete sexual, anulando con esa forma de intromisión el derecho de la persona que lo utiliza, a tomar libremente las decisiones referentes a con quien desea o quiere intimar sexualmente; ya que, al obtener la información referida sin el consentimiento de la persona de quien se consigue, ésta, pierde por completo el control de sus decisiones más que personales e íntimas, sobre las funciones corporales y fisiológicas más básicas, al no saber con ¿quién? Además de su pareja, esta compartiendo ese momento de intimidad sexual y placer recibido.

Siendo así, que una vez más el lector de esta columna se debería preguntar ¿Quién y para qué nos vigila?


RHUTV

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