Huelga, ausencia y ¿silencio?

Escrito por el marzo 10, 2020

¿Qué es ser feminista? ¿Colgarse un estandarte de radicalismo contra el patriarcado? ¿Acaso sabemos el significado de cada una de estas palabras? o ¿nos empeñamos en llenarnos de coraje ante el desconocimiento de las causas? Ante la connotación simbólica de la que están cargadas las palabras y digo connotación simbólica porque estamos llenos de huecos pero aun así decidimos apoyar las causas.

El día del silencio

Hice mal y salí a la calle, no me manifesté tal vez como hubiera querido pero quería experimentar, quería vivir en carne propia y sentir el vacío. 

La mañana pintaba normal, vi hombres solitarios deambulando por las calles, hasta que entré transporte colectivo (metro) y vi una masa desordenada de personas ante la falta de las mujeres en taquilla, parecía un desastre. El metro venía normal, pasaba con menos regularidad que cada día, pero en su interior el mismo tumulto de personas típico de una hora pico en un lunes por la mañana. Así que seguí, mi destino: Metro Hospital General. 

Debía asistir a una cita con el médico. Por ahí de Metro Candelaria un señor de mediana edad me cede el asiento y aunque le agradezco el gesto, le digo: “por favor siéntese usted”. Me respondió que bajaba en dos estaciones, y me dijo que pocas personas tenían educación, terminó hablando de sus bellas hijas: la bióloga y la química. Le desee buen día y cada quien siguió su rumbo. 

Bajé del metro y vi tantas comerciantes, cada una al pendiente de su negocio, vi mujeres en las panaderías cercanas, me atendió Alma, mi médico de confianza y Elena, su asistente, ambas decían que no se podían permitir el día y dejar a los enfermos, no supe qué pensar. Revisé Whats App para avisarles a mis padres que todo marcha en paz y César, quien fue mi jefe hace algunos meses, comparte un video en el que la oficina está vacía, pero las mujeres de intendencia continúan su labor. Me explotó la rabia. 

Queremos libertad y dejamos en manos de las menosprivilegiadas las labores que no queremos hacer, mi madre tampoco tuvo el valor de hacerse invisible, fue al trabajo sin más remedio, ella trabaja en el aeropuerto así que para cada una de ellas faltar es impensable.

Pasadas las 6 de la tarde tomé el metro de vuelta y esta vez el silencio se hizo notorio, mi incomodidad crecía, no por la compañía de los hombres porque nunca he me hecho menos ante ellos -al contrario, muchos me han cuidado- sino porque me miraban con desprecio, con miedo, preguntándose quizá: “¿qué hace ella aquí?”

Me evadían sin pedir permiso, había asientos libres pero decidí no tomarlos solo para saber cuál sería la reacción. Por primera vez me sentía invisible y no puedo explicar cómo se siente.  

Mientras transbordaba hombres caminaban a mi lado, me evadían con sus pasos, y no me ofendí como en un día normal. Al contrario. Cuando llegué al vagón de mujeres pensé que lo encontraría vacío –ese vacío sí me dio miedo-pero no fue así, mujeres y niños desfilaban ante mí. 

Lo que me dejo pensando y por lo que me animé a escribir fue cuando me baje en el fin de mi trayecto, me detuve y un hombre se aproximaba, me gritó con tono bastante sarcástico. 

-Pásale, pásale. No muerdo-. Caminé sin responder. 

-Pinches viejas ni que uno les fuera a hacer algo-. Abrí mi libro. –Me detuve para estornudar, no para evitarlo, no le temo-. Entre más ofensas, el hombre se fue maldiciendo. Y pensé: ¿Cuánto odio generamos los medios? ¿Con cuánto odio crecemos? Porque aunque es claro que desde casa nacen tantas cosas, la televisión nos educa, no importa si antes teníamos acceso a DVD’s y hoy a streaming, hay cosas que no cambian. 

Un hombre con quien me encanta hablar porque me cuestiona a mí misma me decía ¿Cuánto miedo tienen que infundirnos las mujeres para que las respetemos? ¿Nos tienen miedo ahora? ¿Tienen miedo a nuestras reacciones? ¿Por qué quien ostenta poder –económico, político, religioso- nos infunde miedo? Hemos adquirido visibilidad, pero no ostentamos el poder suficiente. Me sentí burlada, objeto del sarcasmo mas no lo pude eludir. 

En palabras de Susan George, analista política y filosofa “Lo más eficaz es dar educación y posibilidades de elección a la mujer, algo imposible con los programas de austeridad vigentes”. Yo me pregunto ¿solo a la mujer? O también al hombre que se cuestiona si puede ser feminista. Aquel hombre que defiende ante las agresiones de las que se aleja de su papel de espectador, aquel que se pregunta sobre cómo eliminar micro-machismos, que le pregunta a sus cercanas para ellas qué es el feminismo y que les deja de abrir la puerta o les exige la mitad de la cuenta no por patanería sino por equidad, aquel que también se admite frágil o que admite que le gustan los mimos, los clichés que solo se consideran femeninos y que acepta que en la mujer hay algo de masculinidad y en él algo de feminidad. 

Ninguna/o sabemos si el movimiento ha sacudido o sacudirá como lo planteamos, en este primer ejercicio la ausencia no ha sido la suficiente para sacudir, para enervar. No hemos entendido y me incluyo, la gravedad del asunto. Tampoco hemos entendido nuestra propia fortaleza como mujeres, aún con todas las situaciones en nuestra contra nos levantamos y las menos privilegiadas -como lo dije en mi texto anterior- se levantan. 

Sí, algunas, podemos darnos el lujo de no laborar, de pensar “qué importa, que se las arreglen solos” pero qué pasa con todas aquellas que si dejan de laborar un día dejan de comer, qué pasa con las que son las únicas proveedoras o peor aún, con aquellas que siguen viviendo subyugadas por las violencia y no tienen de otra. 

¿Cuándo vamos a entender que como sociedad nos necesitamos unos a otros? No hay un segundo sexo. Hay sexismo, hay misandria, misoginia, hembrismos, machismos. Buscamos justicia, pero ¿estamos dispuestas a lidiar con las responsabilidades que se avecinan? Buscamos que se nos escuche pero ¿estamos dispuestas a entablar un dialogo a conciencia?

Lo dejo sobre la mesa porque tengo tantas dudas, tanto dolor, tantos sentimientos encontrados que el único motor que tengo es dejarlo bajo estas líneas que no me alcanzan. 

¿Quién ejercerá el poder? Y mejor o peor aún ¿Hacía donde nos llevará esta lucha?


RHUTV

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