FREUD Y LA CULTURA

Escrito por el enero 20, 2020

Juan Razo

Muchas cosas pueden decirse de Freud, quien es considerado el padre del psicoanálisis. De origen  judío, aunque no practicante, miembro del circulo de Viena, adscrito sin su consentimiento a la filosofía de la sospecha, consumidor de cocaína y uno de los pensadores más influyentes del siglo X.X.  Freud  sigue vigente en la actualidad, categorías propias del psicoanálisis están presentes en la cultura pop y el lenguaje común: “inconsciente”, “complejo de Edipo”, “narcisismo”, por citar algunos ejemplos, son palabras recurrentes en las conversaciones cotidianas. Además de continuar  siendo el psicoanálisis una práctica clínica en el tratamiento del espíritu. 

No obstante, hoy en día tras el triunfo del positivismo, con el método hipotético-deductivo y la demostración empírica como única forma de conocimiento validada por ese constructo social llamado ciencia, otras áreas del saber que no pueden ser verificables mediante los sentidos, han perdido legitimidad. Nadie ha visto un trozo del <<Super yo>> de un sujeto, o pesado y medido una partícula de <<eros>>. Se trata de categorías abstractas, inaprehensiblespor los sentidos, pero no por esto desprovistas de verdad. Sin más perorata epistemológica, abordemos algunas consideraciones sobre El malestar en la cultura.

Civilización y naturaleza son conceptos antagónicos, lo que es aprehendido mediante la socialización, transmitido como un conocimiento generacional, regional o escolar, pertenece a la cultura de un sujeto. En contraposición está lo natural, lo que viene en la información genética de los hombres. Orinar, defecar, comer, dormir, el instinto de conservación, la necesidad de reproducción y con esta la búsqueda del placer que viene con ella, forman parte de nuestros componentes naturales. Podríamos simplificarlo en que lo natural nos hermana con lo animal y la cultura sería todo lo que nos separa de ésta condición. 

Freud postula que la salida del reino animal, con la renuncia al placer inmediato que implica ello, nos produce malestar. Dejar de lado el goce que conceden la violencia y el poder ejercidos sobre los semejantes, prácticas intrínsecas al instinto “Tanatos” o pulsión de muerte, merma la felicidad de los sujetos, sin embargo, es necesario reprimirlos. El incesto, el homicidio y la antropofagia, conductas habitualesen las primitivas formaciones sociales del homo sapiens, han sido proscritas en las sociedades modernas, sólo a través de un largo proceso de culturización y represión de los instintos(Freud, 2010:4).

Entendiendo que “la historia de la cultura es la historia de la represión” (Freud, 2007). Llama la atención hoy en día, cuando se debate sobre diversidad en formas de afectividad y sexualidad, negadas y constreñidas por la cultura, tales como la homosexualidad o la poligamia,  que estas conductas sean nombradas antinaturales, cuando han estado presentes desde el inicio de la humanidad y ha sido la cultura quien ha reprimido estos deseos naturales. ¿El motivo? Dice Freud que en el primer caso, por la necesidad de expansión de las civilizaciones, <<el eros>> busca la vida y un medio para esta es la reproducción, así que por medio de la proscripción de la homosexualidad, se fomenta la familia y la reproducción de los individuos para el crecimiento de la sociedad.

En el caso de la poligamia es por lo que el padre del psicoanálisis llama “economía psíquica” (Freud, 2007: 95).  La cultura demanda tiempo y energía vital de los hombres para ser construida, desarrollada y perpetuada en el tiempo. Es necesario que los miembros de la civilización repriman sus instintos y la búsqueda de sus placeres para poder entregarse al trabajo, al estudio, o a las artes. Así que deben sacrificarse por un bien mayor. La cultura impone sus sacrificios, genera sus malestares, reprime los impulsos naturales, pero a cambio de la renuncia de la felicidad, aparta a los hombres del dolor y la esclavitud de su animalidad, provee de herramientas para hacer la vida más fácil, crea normas de convivencia y si es llevada a cabo como el ideal de la modernidad propone, brinda tranquilidad a los espíritus. 

Habrá quienes noten algunos asegunes en esta idealización de la cultura, pues habrán advertido que también ésta es la responsable del desarrollo tecnológico y con éste armamentístico. También de nuevas formas de dominación de los hombres por sus semejantes. No hay que olvidar que el alma de los hombres para Freud, está compuesta por <<Eros>>, la pulsión de vida, pero también posee una pulsión de muerte, <<Tanatos”>>. Ambas pulsiones reprimidas o sublimadas en las creaciones humanas, buscando por distintos medios la tranquilidad, la calma, una mediante la vida y otra por medio de la muerte. Para profundizar en el tema, recomendamos la obra de Herbert Marcuse Eros y civilización.


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