¿Estamos listos para una segunda ola de COVID-19?

Escrito por el junio 11, 2020

Podríamos ser breves, francamente no lo sabemos y aún con ello seguimos volteando hacia el pasado en busca de respuestas. 

El siglo pasado fue atacado por tres pandemias de gripe. La de 1988 en otoño de ese mismo año y en invierno de 1919. La ola mortal fue definitivamente la segunda en la que al menos el 64% de los fallecimientos ocurrieron. A decir verdad, la primera ola fue de las menos mortales de aquella pandemia. Durante la segunda oleada, se documentaron cambios en el genoma del virus, que explicaban el incremento de su virulencia. 

En 1957 apareció otro virus gripal que sería el originario de la “gripe asiática”, que también cruzó tres oleas epidémicas, en ese mismo año, su incidencia fue relativamente baja, la segunda, en la primavera de 1958 y la tercera entre el invierno entre 1958 y 1959. La mortalidad fue más alta durante las dos olas consecuentes. Diez años después, en 1968, un nuevo virus de la gripe, causó la denominada “gripe de Hong Kong” cuya difusión fue tan lenta como irregular, comenzó en oto{o-invierno en el hemisferio norte, seguido de una segunda ola durante el invierno siguiente pero con mayor incidencia. 

La última pandemia que guardábamos en nuestra memoria, fue denominada “gripe A” de 2009-2010, no tuvo tanta incidencia y consiguió un efecto estacional. Dicho virus, este virus acabó adaptándose al ser humano y siendo una de las cepas que circulan –desde aquel entonces- cada año. 

Las segundas y terceras olas más letales han ocurrido con el virus de la gripe más recientemente. 

En el caso del SARS-CoV-2, la aparición de nuevas olas epidémicas dependerá del virus, su capacidad de mutación y adaptación al ser humano. De nuestra inmunidad o si de verdad estamos inmunizados y protegidos contra él, además de nuestra capacidad de transmitirlo y controlarlo. 

Porque como quien dice en palabras más coloquiales, esto se trata de la supervivencia del más fuerte. 

Vayamos con las preguntas que la gran mayoría estamos haciéndonos. 

¿Puede el virus del covid-19 hacerse más letal como ocurrió con la gripe de 1918? 

Ni los mismos especialistas tienen la respuesta, aunque a diferencia de la gripe, el nuevo coronavirus no es el campeón de la variabilidad. El virus de la gripe también tiene un genoma de ARN, que le da nuevos reagrupamientos, por lo que su capacidad de mutación y recombinación es mucho mayor, por eso cada año tenemos que volver a vacunarnos, puesto que se originan virus pandémicos con mayor frecuencia. Desde que comenzó a circular el virus del que hablamos con tanta regularidad, se han secuenciado y comparado los genomas de varios de miles de aislamientos y sí, éste ha mutado, pero con un grado de estabilidad mayor que el de la gripe. 

Mucho se sugiere al respecto, una de las cosas que se comenta es que se ha comprobado que los virus al “saltar” de una especie a otra, con el tiempo van adaptándose al nuevo hospedador y disminuyendo su virulencia, es decir, que el virus muta no para hacerse más letal, sino lo contrario. Esto no excluye que deba seguir siendo vigilado. 

¿Ya somos inmunes al virus?

Para evitar una extinción de la epidemia habrá que cortar la cadena de transmisión del virus, lo cual no se ha logrado. Esto, como muchos han escuchado, se consigue cuando hay un aproximado del 60% de la población infectada de éste, los individuos infectados están protegidos contra la infección, actuando como una barrera que impide que el virus alcance a aquellos que siguen sanos; la inmunidad de rebaño o de grupo se consigue cuando la gente ha pasado la enfermedad o cuando es vacunada. Lo evidente es que no ha sucedido ninguno de los escenarios, al menos el primero no en nuestro país y la vacuna a nivel mundial. 

¿Hay inmunidad de grupo contra este virus?

Parece que no, lo que indican es que como mucho, en algunas zonas, no más del 10 % de la población ha tenido contacto con el virus. Estamos muy lejos de ese 60 % o más, necesario para conseguir la inmunidad de grupo. Todo esto es mucho más complejo de lo que parece. Todavía no sabemos si el tener anticuerpos contra el SARS-CoV-2, o sea, el haber dado positivo en los test serológicos, realmente te asegura que estés inmunizado frente al virus. Se desconoce cuánto tiempo duran esos anticuerpos, si son neutralizantes o si bloquean al virus, protegiéndonos contra una infección posterior. Tampoco hay datos de la inmunidad celular, esa otra parte de nuestro sistema de defensa que no depende de los anticuerpos sino de las células y que es muy importante para vencer las infecciones virales.

Cierto es que, en el caso de otros coronavirus, los anticuerpos duran meses o años y que tienen cierto efecto protector, pero el factor varía de persona a persona. Algunos ensayos con plasma de pacientes recuperados de la infección, están bloqueando el virus con un efecto benéfico en otras personas infectadas, lo que podría asumirse como que esos anticuerpos son protectores. Otros ensayos con macacos infectados, han comprobado que sus anticuerpos sí los protegen contra una segunda infección, lo cual no significa nada concreto, siguen siendo macacos. 

Se ha sugerido que haber tenido contacto con otros coronavirus –aquellos que producen catarros y gripes comunes- podría tener cierto efecto protector contra el covid-19; esto podría explicar el innumerable porcentaje de individuos asintomáticos. Aunque la inmunidad de grupo permanece misteriosa. 

¿Qué pasa con los escenarios?

Hasta el momento se han propuesto tres posibles modelos. 

  1. Una segunda ola más intensa en invierno del 2020 seguida de pequeñas en 2021. Este escenario plantea un modelo similar al de epidemias anteriores. Lo que ocasionaría volver a medidas de confinamiento más intentas durante otoño e invierno para evitar nuevamente el colapso de sistemas sanitarios. 

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  1. Varias olas epidémicas durante un periodo de dos años. El primer periodo epidémico por el que atravesamos, se vería seguido de pequeñas olas continuas durante un par de años hasta desaparecer en 2021-22. Su frecuencia o rebrote dependería de las medidas de control de cada país. 

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  1. Prequeños brotes sin un patrón definido de olas epidémicas. La primera ola estaría seguida de rebrotes que se irían apagado de a poco, dependiendo también de las deciciones de cada país, que aunque no requeriría volver a medias tan drásticas de confinamiento, podría acostumbrarnos a la “normalidad” de ver tantas muertes y contagios. 

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Sea lo que suceda no hay forma de descartar que el virus continúe su circulación entre nosotros, no por un tiempo indefinido. Quizás acabe sincronizándose con la época invernal o quizá no. No es una buena noticia, puesto que cada que la temporada invernal inicie, añadir un nuevo virus, respiratorio o no, es un problema. 

¿Qué acciones deberíamos tomar de ahora en adelante?

Controlar y evitar rebrotes: adelantarse al virus. Éste no ha desaparecido, seguirá dejando muertos en el camino y sigue ocurriendo con países que creían haber librado la primera batalla. Disminuir la intensidad y frecuencia de los rebrotes requerirá dos principios básicos: 

  1. Participación y disciplina colectiva. Ya sabemos qué es y cómo se transmite, los contagios suelen ocurrir en lugares pequeños, ajetreados y encerrados. Así que es propio evitar aglomeraciones. Tendremos que aprender a vivir con distanciamiento social, cubrebocas, sin contacto físico y con la suficiente higiene que hemos mantenido. No nos podemos relajar. Si has tenido contacto con alguien que posiblemente es positivo a covid-19, lo más responsable será aislarse por 14 días. 
  2. Rastreo del virus. Esto ya le compete a las autoridades. No podemos seguir como hasta ahora detrás del virus, hay que tomarle la delantera. Hay que instaurar un sistema capaz de detectar a una persona infectada al menor síntoma, poder rastrear y obtener información de sus contactos, hacerles un seguimiento clínico y test de PCR y serológicos, y si es necesario aislarlos. Detectar un brote y aislarlo. Esto requiere personal, equipamiento y sistemas de diagnóstico. Y hay que estar preparados para que el sistema sanitario no vuelva a colapsarse. Las decisiones deberán ser sanitarias mas no políticas. 

Algunos países han apagado el fuego, no lo han extinguido, no es nuestro caso, hemos alargado tanto la espera que estamos pasando por los peores días, aunque detestemos verlo. 

¿Realmente hemos aprendido del pasado? No podemos permitirnos tomar los mismos caminos, ¿tenemos la visión y consciencia suficiente para proteger a los demás? Eso aún está por verse. 

NOTA

Existe una versión similar a este texto en el blog del autor, microBIO. Las imágenes están tomadas de ahí, las ideas centrales del texto también. https://microbioun.blogspot.com/2020/06/segunda-ola-del-nuevo-coronavirus.html


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