Estamos enfrentando un duelo y ni siquiera lo sabemos, sí, se llama “nueva normalidad”

Escrito por el agosto 11, 2020

Durante los últimos días he tenido más llamadas de trabajo que charlas con mis padres, de vez en cuando tengo tiempo para comer a gusto por una hora completa sin que me llegue un mensaje o un correo comunicando que hay una entrega urgente. Entre pláticas con mis equipos y por tanto seres más cercanos que se han convertido en amigos he sostenido frases como “cada día estoy más harto, tengo más responsabilidad y no tengo horario de salida, como estoy en mi casa, no me toma más de cinco minutos volver a prender el computador” o “me duelen las piernas, no me ejercito, no hablo con nadie” “no salgo para cuidarme y tampoco veo que esto tenga fin”. Les respondo con resignación y con sutileza afirmó: “estamos sanos, eso es lo importante”. 

Pero veo también a buena cantidad de mis amigos en redes tomando respiros por la carretera, yendo a la playa, auto conciertos y sí, aplicando cierta “sana distancia” y no puedo evitar pensar que esto no es más que un duelo que no sabemos cómo afrontar, puesto que nadie nunca nos ha enseñado a aceptar y soltar. 

Para mí, nunca ha habido una “nueva normalidad”, sino costumbres a las que hemos tenido que decir adiós para adoptar nuevas, el tiempo presente cambió de un día a otro y seguimos encerrados en un pasado que dejó de existir desde que el primer caso de covid-19 se hizo presente en este continente, ni siquiera en el país. 

En mucho tiempo no habíamos sido testigos de algo así, se siente como si arribamos un bote en el mar sin pausa, sintiéramos ese miedo habitual al mar y aunque el horizonte se ve cercano no es más que una ilusión. 

Da lo mismo si usamos o no cubrebocas, si salimos de casa, estamos atrapados en un mundo que nadie sabemos cómo entender, aceptar o descifrar. 

Extrañamos lo que fue, nos dicen que va a regresar, pero es una falacia y nos aferramos a cualquier posibilidad que sostenga esa ilusión como la fecha de un cumpleaños o un evento importante en la que los protocolos puedan aflojarse un poco, como si eso nos hiciera inmunes al virus. Tenemos que aprender a vivir con esto, nos decimos, pero no se traduce más que en descuidos y resignación en vez de prácticas que nos permitan mitigar un poco el riesgo de transmisión. 

Estoy segura de que todos en este país estamos hartos de jamás haber visto aplanar la culpa  y con las medidas de seguridad cada vez más ligeras. 

Lo más difícil de un duelo es saber que solo hay dos salidas posibles: el sufrimiento crónico o la aceptación. Uno implica recordar lo que duele y acentuarlo con nuestros pensamientos una y otra vez y lo otro, aprender que el recuerdo ha dejado de existir, aprendiendo a lidiar con esas nuevas emociones. 

¿Qué es el recuerdo? ¿Algo que tenemos o que hemos dejado de tener? 

Esto es lo mismo que perder hábitos y tener que reinventarse, que es justo lo que nos está pasando en este momento con nuestras vidas. 

El filósofo Timothy Morton habla del concepto hiper objeto, cuyo significado me parece el más acertado para describir la sensación que está dejando huella tras este acontecimiento histórico. Lo define como un objeto tan extenso en el tiempo y espacio que es imposible de señalar o percibir de manera directa y en su totalidad, pero que puede sentirse por partes, abarcando casi la totalidad de nuestra vida, algo así como un fantasma. Yo lo veo como una presencia que puedes ignorar por un tiempo, pero en el fondo se queda ahí, mirándote a lo lejos. 

En palabras del sexólogo César Galicia: “Reconocer la pandemia como un hiper objeto nos podría ayudar a entender mejor la normalidad de la que venimos y la normalidad hacia la que vamos. Porque la pandemia y su tragedia no sucedió “sólo porque sí”, igual que el cambio climático”. 

Fue a través de un largo proceso en el que personas muy específicas tomaron decisiones muy específicas para proteger intereses, creando estructuras sociales y económicas que terminaron abarcando la totalidad de nuestras vidas. 

Este duelo surge de la experiencia del hiper objeto, en la medida en la que se cruza con cada pedazo de nuestra existencia y por algo que al menos muchos de nosotros no tuvimos la culpa. 

Como seres humanos, terminar con una determinada rutina, nos da pánico, al cerebro le asusta hacer cosas nuevas y es completamente normal, no es extraño ni incorrecto comparar esto con una ruptura amorosa o la pérdida de un empleo, al contrario, lo que sí es que estos tiempos parecen tocar tangencialmente el fin de nuestro mundo como lo conocíamos, en el que imaginar otras realidades es posible. A nivel macro implican una serie de cuestionamientos y desmantelamientos de estructuras de opresión, pero a nivel individual también un replanteamiento de hábitos que no eran de lo más sano.

He querido aceptar que hay momentos que amé y que no volverán o al menos no sé cuándo. Extraño comer en puestos callejeros sin terror, acostarme en el pasto o sentarme en la banqueta a platicar con mis amigos sin sentir temor, ni siquiera tuve graduación, extraño ir al cine y tomar largas caminatas en calles desconocidas, sentarme a tomar una taza de café en cafeterías nuevas o tomar el transporte público sin vigilar a cada extraño y pensar en dónde habrán estado quince días antes. Extraño a la gente que fue y hoy seguramente es diferente con los mismos miedos que yo, les temo ahora. 

Cuando esto termine, si es que lo hace, seguramente extrañaré esos hábitos que forjé desde casa como mi hora de meditación y mi hora de lectura, quién sabe. El ser humano está diseñado para adaptarse a todo sin excepción, pero las transiciones duelen y por eso es importante aceptarlas en lugar de evadirlas. 

No tengo una respuesta de cómo hacerlo, el mundo tampoco la tiene y tendremos que aprender a encontrar la propia que no se comparará a la de nadie más. Enfrentar el duelo es sin duda una tarea de cada día, una que supone mirar con la mirada fija a lo que perdimos, pero también a lo que puede ser. 

Cuéntanos cómo ha sido para ti todo este cambio, qué has cambiado o qué ha sido lo que más trabajo te ha costado cambiar, queremos leerte. 


RHUTV

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