El mundo después del Covid-19, ¿Estamos listos para aceptar que ya no somos los mismos?

Escrito por el mayo 7, 2020

Antes de empezar este texto quiero citar una frase de Héraclito de Efeso, que nunca me ha hecho tanto sentido como lo hace hoy: “Ningún hombre puede pisar dos veces el mismo río, pues nunca es el mismo río y nunca es el mismo hombre”.

Hemos sido sorprendidos por un virus desconocido –nuevamente, porque ni es la primera vez, ni será la última para un ser humano que no ha hecho más que ser testigo de su propia incertidumbre- y nos ha puesto de cabeza asomados ante un precipicio al que tememos, nos ha expuesto ante el dolor de la pérdida provocada por una enfermedad que llega como un ladrón dispuesto a llevárselo todo.

Es ridículo e insultante seguir escuchando frases como «Cuando todo vuelva a la normalidad». ¿«La normalidad»? ¿Qué es «la normalidad»? ¿Ese mundo, caducado, en el que vivíamos hace dos meses? ¿«Volver»? ¿Volver al mundo de ayer sin haber aprendido nada de tantos dolores, tanta situación extrema y sin tener en cuenta que, hoy dependemos de la generosidad ajena?

Es ingenuo, peligroso, pensar que ahora estamos congelados y, cuando la pandemia pase, la vida volverá a ser como antes. No lo va a ser. No puede ser. Y sería suicida no corregir «los errores de diseño» que ahora hemos visto que tenía la sociedad en la que vivíamos.

Estamos ante un nuevo punto de partida que debería ser la preparación de un mundo más viable y humano, muchos –incluyéndome- caemos en polémicas, creyendo que podemos hablar de guerra y aunque tal vez no debamos usar términos bélicos hay una palabra que podría sernos útil: posguerra. Mucho de lo que implica esa voz pertenece a nuestro futuro: esfuerzo, unidad, reconstrucción, comunidad.

De ese estado de ánimo colectivo nacieron las grandes potencias de Europa después de la Segunda Guerra Mundial. Ahora necesitamos el ímpetu de aquella época para recomponer una sociedad apaleada. Un ímpetu muy humano, con mucho tacto, con mucho cuidado, porque vamos a salir de esta pandemia con heridas, cicatrices y traumas. Aunque «no bastará con las voluntades individuales. Está en manos de los que tienen el poder», dice el periodista experto en política y economía Esteban Hernández. «No creo que sea tan grave como una guerra, pero sí va a ser más duro que la crisis de 2008».

El mundo del aquí y el ahora

El Covid-2019 ha enterrado el mundo que considerábamos “único”, se han desplomado las antiguas certezas y hemos visto que hay cientos de otros caminos. Porque lo que parecía la lejana ciencia ficción de libros y cómics ha empezado a hacerse omnipresente. O al menos esto es lo que dice un informe de la compañía de investigación Ideas for the Change, que describe la nueva vida en tres pilares:

  • El espacio personal, nuestro hogar, se ha desdoblado en oficina, escuela, clínica y gimnasio. El espacio público ha cercado su acceso y nos ha privado de gozar de él. Si antes disfrutábamos de un espacio privado en el cual ser nosotros mismos, ahora estamos más que frágiles al tener que exponernos tal y como somos –o pensábamos que éramos-.
  • El tiempo –que no es más que un invento nuestro- se ha congelado y es ahora continúo. No más transiciones, no más traslados entre actividades. No existen los fines de semana ni las vacaciones.
  • Los otros, vecinos, compañeros, ciudadanos, han pasado de ser un cómodo anónimo a ser un riesgo para nuestra salud. El otro a una distancia prudencial puede ser de ayuda, pero cerca, es mejor evitarlo. Acecha otro peligro: el fantasma racista, xenófobo; el miedo y el odio al otro. Lo hemos oído en boca de Trump: «virus chino», lo llamaba, en vez de COVID-19.

«Hemos cambiado y con ello nuestras capacidades».

Posibles escenarios post Covid-19

«El reloj tecnológico y social se ha adelantado años, quizá décadas».

El Observatorio de capacidades emergentes indica que tecnologías como la videollamada, la manufactura 3D y los robots que interactúan con personas han entrado de golpe en muchos hogares. Y de golpe han caído dos verdades como puños: «la interdependencia de todos los humanos y el valor de la ciencia frente a las creencias».

El descubrimiento de un modo de vida distinto, nos ha enseñado cuan absurda era la idea de que no se puede cambiar el mundo. Ya lo hace él solo. Y ahora, después de haber aprendido a usar los sistemas de videollamada y habiendo visto que nuestra vida depende de una enfermera y de un reponedor de alimentos, podemos entender que hay muchas cosas que se ambiar para armar un mundo más ajustado a lo que de verdad necesitamos.

En el estudio de Ideas for Change lanzan propuestas: «Imagina los efectos que podría generar que todos los centros productivos, el sector educativo y el funcionariado adopten el teletrabajo un día a la semana». ¿Podríamos pasar más tiempo con las personas que queremos? ¿Dejaría de oler el aire a tubo de escape? ¿Cómo diseñaríamos nuestro hogar-mundo?

La apuesta de Ideas for Change es casi poética: «Del acelerado movimiento industrial a la quietud de nuestro hogar y nuestras calles. De la dependencia del automóvil a la dependencia de la conectividad. De competir en mercados de bienes escasos a organizarnos en sistemas para la abundancia. De perjudicar al medio ambiente a ver los cielos limpios. De consumir y acumular sin freno a compartir lo que tenemos y apreciar lo próximo. De dar la salud por descontada a darlo todo por ella sin condiciones». Por si una buena bofetada nos ha dado la pandemia es replantearnos la idea de que ni teniendo todo el dinero a nuestro alcance, podremos comprar nuestra salud.

Más que un cambio habrá un adelanto. Expertos en economía y política aseguran que hemos dado un salto de cinco años en el tiempo. No cambiaremos el rumbo, sino que este se acelerará e intensificará. El avance que hemos visto en el uso de la tecnología se aplica a todo lo demás. «Esta crisis va a intensificar la guerra comercial entre Estados Unidos y China, va a situar en mejor posición a los países que tenían una economía más fuerte y se van a abrir aún más las brechas entre los países y entre las clases sociales. Ya lo estamos viendo». En palabras del analista político español, Esteban Hernández.

La pandemia ha puesto en cuestión muchos de los fundamentos de Occidente. «Vivimos en un modelo individualista. Hemos creído que lo importante éramos nosotros y nuestro grupo de referencia. Ahora hemos visto que lo fundamental es la colectividad. Esta crisis señala que los mejores caminos de salida son los comunes. No sé si lo haremos así pero el asunto ha quedado encima de la mesa», indica el jefe de Opinión de El Confidencial.

Esa idea de colectivo afecta del mismo modo a la sociedad y a los negocios. «Estamos viendo más colaboración en empresas del mismo sector», indica Albert Cañigueral. El fundador del laboratorio de ideas OuiShare cuenta que algunas farmacéuticas como Sanofi y GSK ya están trabajando juntas para crear una vacuna contra el coronavirus.

Este golpe, supone un azote político, la tentación del avance del autoritarismo basado en los datos, da risa, pero es idéntico a ese capítulo de Black Mirror, en el que la vida de una joven norteamericana depende de la calificación que tenga como una “ciudadana de bien”, el acceso a una cafetería, a categorías para hacerse de bienes como un departamento, un auto rentado o un boleto de avión. ¿Estamos preparados para que el Estado tome el control de nuestras decisiones? Porque creámoslo o no estamos más cerca que nunca, o al menos de esa forma países orientales como Corea del Norte y Japón han controlado la expansión del virus; mediante el uso de datos de sus ciudadanos en tiempo real.

A medio plazo vamos a ver cambios en todo: en la economía, en la política, en el orden internacional, en los valores personales y sociales. Pero van a ser cambios de segunda oleada más que de la salida de la crisis.

¿Consecuencias en el trabajo? ¿Debería preocuparme?

Sí y solo sí eres de ese porcentaje que encuentra su sustento en oficina, el paisaje sonoro de la cuarentena tiene poco ruido en la calle y mucho timbre en la videollamada. El trabajo de oficina ha ocupado salones, dormitorios, cocinas. Y eso, más que una ocupación del hogar, supone un cambio del entorno laboral: origina relaciones más humanas en las empresas y las organizaciones.

Hablar por videoconferencia en lugar de cara a cara ha traído dos situaciones nuevas. La primera: Hemos entrado en la casa de la gente, con sus hijos, mascotas, fotos y libros en las paredes. Hemos conocido a las personas en su entorno personal.

Y la segunda: antes de la pandemia, el saludo ¿qué tal? una frase que no esperaba respuesta. Ahora empezamos las reuniones preguntando, durante 5 o 10 minutos, ¿cómo estás?, ¿cómo lo llevas?, ¿qué tal tus padres? Esto es lo que se llama un check-in antes de entrar en la materia que toque. Todo esto nos acerca más a organizaciones más humanas y menos jerárquicas.

Quizá para aquellos con empleos de los que dependa la energía, la medicina o los alimentos, deberán a acostumbrarse a dejar de trabajar en grandes masas. Lo más probable es que todos debamos acostumbrarnos a guardar la sana distancia de aquí en adelante. 

Hay una fecha crucial en el comportamiento futuro: la llegada de la vacuna contra la COVID-19. Hasta entonces es probable que nos lo pensemos dos veces a la hora de viajar, para reuniones formaciones que se pueden hacer online. Esta es otra de las grandes incertidumbres: la distancia física, las conversaciones de bar, las salidas con amigos o los crushes, el miedo a la respiración del otro.

El virus aún nos tiene en sus manos, a su capricho. ¿Qué otra sorpresa nos traerá? Interpreten esa frase como gusten, que después de todo ya ni se sabe qué es normal y qué no.


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