CAPITULO 2: ¡CÁLLATE!

Escrito por el febrero 20, 2020

Creador y escritor: Gabriel Chargoy
Ilustración: Nazul Uribe

|18 de Octubre de 2025|

Nunca he podido entenderlo bien pero es increíble la velocidad con la que corren las noticias. Casi siempre las cosas se saben mucho antes de que lleguen a internet porque existen personas que, a veces, no son capaces de mantener la puta boca cerrada y prefieren gritar al mundo cosas que pueden perjudicar gravemente a otros. En los tiempos de La Rosa Púrpura era necesario dejar bien claro que todo aquel incapaz de guardar un secreto debía recibir un castigo y ser condenado al maldito olvido.

Era octubre y a luna iluminaba la noche. La cita se hizo en un viejo almacén abandonado en el centro de La Rosa Púrpura. Se trataba de un arreglo entre nosotros y una de las pandillas locales: Los Pesados.

El asunto real era fingir una venta de armas para localizar a un soplón dentro de Los Pesados. Según las instrucciones de Paulo, “El Bebote”, quien es el jefe de la pandilla, supo que alguien dio información que lo conecta con el asesinato del activista Orlando Silleros. Obviamente El Bebote lo hizo pero sólo lo vieron cuatro de sus hombres y entre ellos había un elemento nuevo así que las sospechas sobraban.

Esperando en el almacén sólo estábamos Javier y yo pues Roberto estaría esperando afuera en una camioneta con el #4 y el #5 en lista de confianza de Paulo: Mauro y Gonzalo. 

La cita quedó pactada a las 8:30 de la noche y justo a esa hora llegó El Bebote acompañado de los cuatro hombres que atestiguaron el asesinato. Nosotros llevábamos cuatro estuches grandes que aparentaban transportar armas largas pero que realmente contenían dispositivos electromagnéticos que identificarían cualquier interferencia causada por micrófono o cámara, de tal manera que El Bebote sólo ordenaría a sus hombres que tomaran su respectivo estuche y el dispositivo haría el resto. 

El Bebote era un tipo grande y musculoso que, sin dudarlo, podría aplastar tu cabeza como si fuera un globo lleno de agua con usar solamente sus brazos pero era la cara de niño la que te hacía perder un poco el miedo. Mejillas abultadas, ojos pequeños y brillantes que daban ternura, el cabello siempre corto y una argolla en el lóbulo de la oreja izquierda. ¿Y por qué Los Pesados? Realmente no les decían así por ser tipos enormes o gordos, de hecho eran de complexión variada, decidieron ponerse así para que todo aquel que decidiera meterse con ellos supiera que se enfrentaba a tipos que no tenían la capacidad de entender la palabra “suficiente”.

Entonces estaban ahí los cuatro sujetos parados y su jefe esperando en la camioneta en la que llegaron. Javier y yo nos acercamos al centro del almacén cargando dos estuches cada uno y vaya que pesaban las mierdas esas. Los dejamos en el suelo y volvimos a nuestra posición, luego los cuatro tipos caminaron hacia los estuches para dejar las maletas con dinero. De acuerdo a lo planeado, cada uno tomo un estuche y dieron la vuelta para regresar a la camioneta, en ese momento activé los dispositivos con el control remoto y listo, el “bip bip” de uno de los estuches empezó a sonar. Naturalmente, los cuatro sujetos se sorprendieron y entonces el que tenía el estuche que sonaba lo tiró al suelo y gritó:

-¡Jefe, es una maldita trampa!.

El Bebote bajó del asiento trasero con tranquilidad y caminó hacia los hombres que se mostraban confundidos.

-Por supuesto que es una trampa- contesto sonriendo a sus hombres.

El presunto soplón volteó al otro lado del almacén para mirarnos en busca de una respuesta. Javier simuló una pistola con su mano izquierda y la colocó en su sien para terminar un infantil “piu”.

-Ustedes tres, revisen a este cabrón. Busquen micrófono, cámara o cualquier mierda extraña- ordenó El Bebote.

El tipo estaba meado del miedo pero estoy seguro que se cagó cuando encontraron el micrófono en su pecho y la cámara en su cinturón.

-En las maletas está el dinero acordado con Paulo. Tres cubren el trabajo hecho aquí y la cuarta es la vida de esta rata- explicó El Bebote mientras regresaba a su camioneta- Habría sido mejor que yo me encargara de ti pero ellos te pidieron, muchacho- finalizó antes de subir al vehículo. 

Javier y yo nos acercamos al soplón y destruimos la cámara y el micrófono. El tipo estaba paralizado, ni siquiera podía suplicar. Lo esposamos y lo llevamos a un rincón del almacén donde lo aseguramos a una cadena que formaba parte de una polea. Yo salí para avisar a Roberto, Mauro y Gonzalo  que ya podían acerarse en la camioneta.

-Bien, hay que subir esas cuatro maletas a la camioneta, se tienen que llevar al Rumba’s para entregárselas a Paulo. Roberto, Adrián y yo nos ocuparemos de eso, mientras Mauro y Gonzalo se quedan con “la rata” y consiguen su información personal. Necesitamos su nombre, el verdadero y dónde vive. Resulta que el pendejo de El Bebote ya ni se molesta en investigar eso- ordenó Javier repitiendo las órdenes de Paulo.

Con las maletas en la camioneta y nosotros también, partimos hacia el Rumba´s. La idea era entregar el dinero y recibir nuevas órdenes de Paulo.

Llegamos entonces y Paulo nos esperaba en su oficina.

-Dejen las maletas junto al librero, mis contadores vendrán más tarde y se encargarán de eso- dijo Paulo sentado detrás de su escritorio- Ahora lo que nos compete es hablar sobre el futuro de nuestro amigo. Si él nos dice la verdad, dirá que su nombre es Augusto Morazán.

Paulo se inclinó hacia un costado y de un cajón extrajo un sobre del que fue sacando fotografías e impresiones de distintos documentos que parecían sacados de internet.

-Morazán, más que ser un informante es un informador. De acuerdo con estos textos escritos por él, ha investigado diferentes casos de corrupción, tráfico de drogas, armas y personas. Según contactos del exterior, decidió entrar a La Rosa Púrpura en busca de información que le de elementos para hacer públicas todas las… digamos… irregularidades que existen- explicó a detalle.

-Ah, entonces se trata de un pendejito que le gusta escribir sobre la vida de los demás como los programas de espectáculos de la TV- dijo Javier burlonamente.

-No, imbécil. Algo más complejo y delicado que eso- replicó Paulo.

-Un periodista- agregó Roberto.

-Exactamente y de los más molestos.

-Entonces, ¿Por qué si tenías esa información no simplemente diste la orden de eliminarlo y ya?- pregunté.

-Necesitaba tener esto en mis manos. Los Pesados sólo buscaban deshacerse de él, incapaces de ver más allá. Este tipo no es sólo un soplón, es una extensión de algo mucho más complejo que eso. La gente allá afuera comienza a defenderse, hay olor a sangre en el aire de esta jungla y no podemos convertirnos en la presa. Necesito obtener de él toda la información posible sobre con quién ha compartido su información, sus fuentes, quien lo financia y lo que sea que nos lleve hacia los que están detrás de esto- explicó Paulo ligeramente alterado.

Ya era bastante tarde y fuimos a descansar un poco pues al día siguiente nos esperaba un largo día de labores. Esa ocasión la recuerdo muy bien porque tuve un sueño bastante extraño. Estaba parado en la entrada de una casa, lo único visible era el suelo y una escalera del lado izquierdo. Un impulso indescriptible me hacia dirigirme al pie de la escalera, subía la mirada y arriba se veía la sombra de una niña, no veía detalles sólo una silueta a contraluz. Comenzaba a subir la escalera pero esta comenzaba a derretirse detrás de mí, después de eso, desperté completamente alterado. En ese momento no sabía lo que significaba pero vaya que después lo supe.

Mi teléfono sonó, era Gonzalo. Llamó para avisarme que “la rata” que ahora sabíamos que era periodista les dijo su nombre, Augusto Morazán. Estaba claro que ya no estaba mintiendo, otra cosa que dijo fue sobre su lugar de trabajo, un pequeño estudio en la zona más cara de La Rosa Púrpura. Quedaba claro que el tipo sabía dónde protegerse de nosotros.

Para agilizar nuestra tarea, decidimos separarnos: Javier y Roberto irían a la dirección de Morazán, mientras que yo regresaría al almacén para asegurarme de que a Mauro y Gonzalo no se les había pasado la mano.

Llegué poco antes de las 10 de la mañana. Gonzalo fue quien levantó la cortina de metal oxidado que servía como entrada al almacén. Dentro estaba Mauro viendo una película en una computadora y en un rincón estaba Morazán.

-Veo que la han pasado bien aquí- comenté.

-Pues ya sabes, somos de lo mejor en este negocio- contestó Mauro mientras lanzaba cacahuates a su boca.

-¿Ya comió algo?- le pregunté a Gonzalo quien terminaba de bajar la cortina.

-Le dimos agua y un sandwich de jamón pero lo vomitó poco después- me contestó.

Morazán tenía el rostro bastante golpeado, el cuerpo completamente desnudo permitía ver pequeñas quemaduras rodeadas por moretones en sus costillas. En el cuello, como si se tratara de un perro, tenía un collar de metal sujeto por una gruesa cadena de metal que aún se mantenía enganchada a la polea. Su rostro estaba completamente vacío, por alguna razón había aceptado su futuro.

-En este momento estamos revisando tu departamento. Quizá pensaste que sería buena idea quedarte en esa zona pero debes entender que somos capaces de cubrir toda La Rosa Púrpura con tal de cumplir nuestro objetivo. Vine aquí para saber cómo estabas y preguntarte yo mismo si hay algo más que estés ocultando, un lugar, algún nombre, lo que sea puede servir para que esto sea más rápido- le expliqué detenidamente.

Él no podía hablar, parecía que algo en su garganta se apretaba y sus ojos comenzaban a ponerse brillosos. Después, perecía que estábamos ante un niño que lloraba en secreto, intentando callase pero el sentimiento era más fuerte. 

Mi bolsillo derecho comenzó a vibrar, Javier estaba llamando.

-Esa puta rata es fotógrafo- me dijo Javier alterado.

-Relájate un poco y explícame todo de nuevo- le pedí mientras di la espalda a Gonzalo, Mauro y Morazán.

-Tiene fotos, cabrón. Paulo, el Rumba´s, la policía, adictos, prostitutas. Es un puto ojo con pies- continuó explicándome aún más alterado.

-¿Está Roberto contigo aún?- le pregunté.

-Sí, te lo paso, él sabe mejor lo que hay aquí.

-Hola, Adrián- respondió Roberto también alterado.

-¿Qué encontraron?

-Morazán es fotoperiodista, bastante bueno. Tiene fotografías de los principales puntos de distribución de droga, también tiene bastante material sobre nuestra organización… Paulo… tiene Paulo dando sobornos. Aquí está todo su equipo de trabajo, bastantes cámaras y también cintas de grabación. Hay bastantes papeles también, ha hecho un gran trabajo de investigación. Paulo tenía razón, este tipo es bastante peligroso para nosotros- explicó Roberto.

-¿Paulo ya sabe de esto?- le cuestioné.

-Sí, fue el primero en saberlo. Nos ordenó desaparecer toda la evidencia pero quiere que llevemos algunas cosas para hacerle más preguntas.

-¿Más preguntas? No entiendo, ya tenemos todo.

-Hay cosas fuertes aquí, Morazán no trabaja sólo. Esto se va a poner feo, Adrián- me advirtió.

Terminamos la llamada y demasiadas preguntas llenaban mi cabeza pero una me inquietaba ¿Cómo es que un hombre que llora como bebé puede ser tan peligroso para una organización como la nuestra?

Pasaron algunas horas y uno de nuestros autos había llegado. Eran Javier y Roberto que rápidamente entraron al almacén con una maleta. Mauro, Gonzalo y yo custodiábamos aún a Morazán quien dormía en su rincón.

-¡Despierta, pedazo de mierda!- le gritó Javier a Morazán mientas pateaba fuertemente una de sus rodillas-

-¡Cálmate, carajo!- le ordené a Javier.

-¿Ahora te volviste amigo de la puta rata?- me preguntó amenazante.

-Cabrones, el jefe llegó- interrumpió Roberto mirando su celular.

Javier levantó la cortina y entonces Paulo entro acompañado de El Gumy, guardaespaldas del Rumba’s.  

Paulo caminó directo hacia Morazán ignorando nuestra presencia.

-Me da gusto conocerlo en persona. Sé que no hace falta presentarme- le dijo Paulo mientras se quitaba el sweater de lana negro.

-Estás jodido, maldito cerdo- le contestó Morazán.

-Roberto, dame los papeles que les pedí que sacaran- ordenó Paulo.

Abrió la maleta y sacó un sobre plástico con algunas manchas obscuras que parecías sangre seca. También se notaba que había algo más en la maleta pero no se distinguía bien.

-¿Crees que no sé quien es esta puta?- le preguntó Paulo señalando algo en una hoja.

-Eso no importa ya. Tu maldito circo se caerá. La verdad se hará pública y todos ustedes se irán al hoyo. Hay gente organizándose, lo sabes. La rabia está consumiendo su miedo, es sólo cuestión de tiempo para que las Brigadas de Recuperación se reagrupen y limpien La Rosa Púrpura de la plaga que la envenena- dijo Morazán.

Brigadas de Recuperación, así se auto nombraban los grupos de autodefensa que buscaban erradicar a las principales mafias de La Rosa Púrpura, eran casi un mito porque contaban con pocos elementos  pobremente armados y no eran reconocidos por la ley.

-¡Roberto, saca la caja!- gritó Paulo.

-¿Es necesario?- preguntó Roberto.

-¡Javier, trae la puta caja!- corrigió Paulo gritando más fuerte.

Paulo recibió una caja cuadrada que Javier sacó de la maleta, aparentemente no contenía algo pesado.

-Supe que no trabajaste solo aquí- decía Paulo mientras retiraba la tapa de la caja.

Lo que siguió fue bastante desagradable. Un trozo de carne que parecía cuero de cerdo recién cortado pero que, después de poner atención en él, se revelaba como una máscara de piel humana. Conocía ese rostro… Néstor, el cadenero del Rumba´s.

-Esto le pasó a él pero cosas peores le pasaran a todos los que se atrevan a enfrentarme- advirtió Paulo.

Morazán se mostraba bastante sorprendido por lo que veía pero a pesar de ello se mantenía con fuerzas para aguantar el llanto. ¿Por qué no simplemente se rendía y aceptaba lo obvio?

-Ahora, he sabido que no sólo te gusta escribir sobre cosas que no son de tu incumbencia, te gusta espiar lo que hacen los demás- decía Paulo mientras guardaba el pedazo de piel en la caja- ¿Qué te parece si te tomamos algunas fotos así como te ves ahora y esperamos a que tus colegas las pongan justo al lado de otras fotografías donde estés sonriendo?- propuso.

Paulo no dejaba de ver fijamente a Morazán pero eso no le impedía chasquear los dedos para que Javier, como si fuera un perro, sacara de la maleta y le llevara una cámara fotográfica.

-¿Crees en Dios, Morazán?- le preguntó Paulo.

-Vete a la puta mierda- le contestó.

-Nuestro buen amigo Roberto es católico, de los comprometidos. Quizá el pueda ayudarte con tus últimas palabras. Roberto, por favor trae algo para que nuestro amigo pueda poner sus manos y rezar- le pidió.

Como si fuera una mala broma, Roberto tomó la mesa pequeña sobre la que Mauro había puesto su computadora.

-Vamos, amigo. Es lo único que puede darte paz en un momento así- le dijo Roberto a Morazán sosteniendo sus manos sobre la mesa.

-¿Amigo? No de ustedes, putas escorias humanas. ¿Dios? ¿Qué puto Dios es capaz de mantener a seres como ustedes con vida?- gritaba Morazán con lágrimas escurriendo por sus mejillas- ¡Mi nombre, el de Orlando Silleros y el de muchos más quedará tatuado en sus almas por las llamas del maldito infierno, malditos desgraciados¡

Justo en ese momento sucedió lo que quizá no esperábamos y que nunca habíamos visto. Paulo perdió el control y comenzó a romper cada uno de los dedos de Morazán utilizando la cámara fotográfica mientras Roberto se aseguraba de que no retirara las manos de la mesa. Gritos y lágrimas de dolor era lo único perceptible en el almacén. Nunca había imaginado que una cámara pudiera causar tal daño pero lo estaba viendo justo frente a mí.

Rotas y ensangrentadas quedaron las manos de Morazán quien aún se retorcía de dolor. Después, llegó lo inevitable.

-Iré a mi casa a limpiarme la sangre de esta rata. Ustedes ya saben qué hacer con él.

Así, Paulo se retiró del almacén y nosotros nos quedamos ahí para terminar el trabajo.

¿Recuerdas lo que te dije sobre las personas que abrían la boca en La Rosa Púrpura? Pues Mauro se colocó detrás de Morazán sosteniendo su frente con la mano y forzándola hacia atrás dejando el cuello descubierto para después cortar su garganta de un solo corte. Entonces justo así, temblando de dolor y mirando el techo del almacén fue que murió Augusto Morazán.

CONTINUARÁ…



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