Animales y humanos: una intima e histórica relación.

Escrito por el agosto 21, 2020

Entro en crisis, todo parece temblar –incluyéndome–; veo las paredes desmoronándose sobre mi cuerpa aunque éstas no se hayan movido ni un milímetro de su lugar original. El aire no me es suficiente y siento el sabor salado de mis lágrimas entrar en mi boca; me encuentro sentada en mi cama, meciéndome de adelante hacia atrás mientras afuera del cuarto –cerrado con llave– escucho la voz desesperada de mi madre al no saber cómo ayudarme con otra crisis de ansiedad.

Llevo un par de semanas tirada en cama, sin comer lo suficiente, sin bañarme ni mirarme al espejo porque cuando se combina la depresión con la ansiedad no puedo más conmigo, pero hay alguien que ha estado a mi lado durante todo ese tiempo: Capulín, el pequeño perro sin raza definida, entre negro y gris que vive con nosotras desde hace seis años.

Él se sienta frente a mí y puedo sentir su nariz húmeda cuando trata de meterse entre mis brazos para lamer las lágrimas que parecen no ceder ante mi intento de respirar, saco mi cara de entre mis brazos y puedo ver esos ojitos cafés que se acercan más para oler mi rostro. Capulín me deja abrazarlo y poco a poco siento como se relajan mis músculos mientras su pelo roza contra mis piernas. Lentamente mi respiración comienza a normalizarse y curiosamente se acompasa con la de él; en el pico de mi crisis me ha ayudado sin siquiera hacer un sonido… ¿de verdad es sólo un animal que no entiende nada?

Capulín

La mayoría de las personas han crecido acompañados de una mascota, este ser no-humano que nos brinda compañía y el amor incondicional que parecemos necesitar en todo momento. El hecho de adoctrinar animales para nuestra conveniencia no es una casualidad porque la raíz del nombre delata cuál fue el fin principal de estas criaturas.

La Real Academia Española (RAE) define la palabra mascota como “animal de compañía” pero hay otro significado menos conocido: Animal o cosa que sirve de talismán, que trae buena suerte; es esta connotación la que se debería de reflexionar, ya que sólo demuestra la cosificación e invisibilización de los animales, así como la superioridad del ser humano al ejercer poder sobre aquellos que no pueden defenderse.

Gracias a estas relaciones de poder que se han ejercido desde el año 9000 a.C. se ha dejado de lado los vínculos que pueden formarse entre los humanos y animales por lo que en la actualidad usamos términos como “humanizar a las mascotas” para referirnos a esos lazos, cuando en realidad sólo necesitamos reconocer que sí hay una relación inter-especies que ha existido desde hace muchos años.

Reconciliar naturaleza y cultura.

En la historia de la humanidad hemos visto a la naturaleza como algo alejado del ser humano, parece ser un tema aparte que no tiene relación con nuestras interacciones sociales y esto ha ocasionado que la brecha entre la naturaleza y la cultura se haga cada vez más grande, llegando al extremo de poner al ser humano por encima de cualquier especie.

Antropocentrismo es el término que se ha usado para nombrar este factor que nos aleja de lo natural y que ha dejado atrás la importancia de los no-humanos ya que no son considerados parte de las relaciones sociales por el hecho de no comunicarse de la misma manera que una persona lo haría.

Es precisamente este antropocentrismo que nos hace olvidar la coexistencia entre la naturaleza y el ser humano, ésta ha existido a lo largo de toda la historia y hasta ambos conceptos han evolucionado juntos. Se ha roto tanto esta relación, que actualmente hemos olvidado que el ser humano comenzó siendo un animal por lo que aún compartimos ciertas características cognitivas con los no-humanos como lo sería la capacidad de respuesta; es así como los humanos hemos tomado, por la fuerza, la vida y cuerpos de los animales, negándoles su derecho a vivir libremente y obligándoles a tener una vida llena de maltratos, así como una muerte igualmente violenta y dolorosa.

¿Y es que de verdad aquellos no-humanos no nos dicen nada? Aquellos ojos que brillan cuando te ven despertar, esa lengua húmeda que no alcanza a amar cada centímetro de tu cuerpo, las colas que parecen ser un ente con voluntad propia; las narices, orejas y estómagos que se llenan de vida cada vez que reciben una caricia nuestra… ¿eso no es hablar?

La Vagabunda, una mujer antiespecista y feminista radical es consciente del maltrato animal, dice que la explotación hacia los animales le resulta muy dolorosa, saber que día a día las hembras animalas son violadas para inseminarlas y así tener industria cárnica e industria láctea, le duele; “en primera, como soy feminista y estoy en contra de la explotación sexual, me parece horrendo que la gente, especialmente las feministas, no se den cuenta de lo ruin que es pagar para que violen animalas. Después, al ser consciente de las condiciones en las que viven y mueren todos los animales de esas industrias, siento muchísima vergüenza hacia ellos y ellas, por ser parte de una especie tan llena de desprecio y tan incapaz de ver el dolor ajeno”, comenta.

¿Por qué amar a unos y matar a otros?

En los últimos años, un movimiento que busca defender a cualquier no-humano de la explotación antropocentrista en la que vivimos ha tomado más fuerza cuestionando todo lo que se nos fue enseñado en cuestiones de comida, diversión y hasta tradiciones que forman parte de nuestra cultura: el especismo. Cuando se habla de especismo se resalta que existe una relación de poder utilitaria en la que animales no-humanos han sido, como lo menciona Óscar Horta, “[…] utilizados como recursos de manera sistemática en toda una serie de ámbitos”, lo que implica que padezcan toda una serie de daños enormemente considerables. Esto quiere decir que el ser humano ha usado, a la fuerza, a cualquier no-humano para satisfacer sus necesidades sin importar el sufrimiento o los estragos ambientales que esto pudiera ocasionar.

Tanto especismo como antropocentrismo ponen de relieve la existencia de una relación utilitaria y explotadora de los humanos sobre los no-humanos que se puede exacerbar con ejemplos de uso de animales en espacios tales como circos, zoológicos y otras asociadas con la industria del cautiverio.

Kay Anderson, 1995.

Al ser conscientes de esta explotación se ha llegado a la pregunta de ¿por qué cuidamos a los animales domésticos y nos comemos a las reses, cerdos y pollos? Y es justo en esta coyuntura donde nace un término opuesto que luchará en pro de cualquier no-humano: el antiespecismo, que ha puesto en aprietos a quienes aman a sus mascotas, pero siguen consumiendo productos de origen animal y consumiendo espectáculos donde aquellos no-humanos son explotados indiscriminadamente.

El antiespecismo, como lo comenta La Vagabunda desde su experiencia, son acciones concretas como el veganismo, para ir en contra del sistema de creencias especista, que nos dijo que éramos dueñxs de las vidas de otros. Diríamos que el antiespecismo es la idea radical de que la humanidad no está por encima de todas las otras especies animales, plantas, ni del mundo, y que, al no estar por encima de nadie, debe abandonar las prácticas violentas que le hacen creer que sí.

No es tu madre, no es tu leche.

Relación entre humanos y no-humanos.

Animales y humanos formamos parte de la misma red de vida, hemos coexistido desde hace aproximadamente cuarenta mil años cuando el lobo gris (Canis lupus) y el Homo Sapiens desarrollaron la primera interacción significativa inter-especies donde el lobo era usado por su increíble olfato, es así como esas relaciones han evolucionado para convertirse en lo que ahora conocemos como mascotas, pero durante esta evolución, el ser humano comenzó a borrar la línea de coexistencia para convertirla en una relación de poder donde el animal es usado para satisfacer las necesidades humanas.

Para entender las relaciones naturales que existen entre humanos y no-humanos, es necesario saber que existimos en el mismo espacio y tiempo y dejar de verlos como seres aislados a nuestra cultura y entorno; el individuo humano, al ser racional, debe ser capaz de comprender e identificarse con la vida animal para así extender su sensibilidad y empatía por ellos.

El cohabitar históricamente con los animales es la relación más grande y sólida que existe, pero ésta se ha invisibilizado y transformado en una relación de poder en la que violentamente hemos obligado a ciertos animales a adoptar conductas humanas, es por esto que La Vagabunda está en contra de la humanización de animales ya que piensa que también es violencia: “de inicio estoy en contra del mascotismo, porque es especismo, concibe a los animales como propiedad y al humano como “amo”, es obvio que la gente se siente con el derecho de hacer lo que quiera con alguien a quien considera un objeto de su propiedad, por eso es que los humanizan, también para cubrir sus carencias afectivas humanas, pero esa no es la solución”.

Ahora bien, ¿cómo nos hacemos responsables de esta humanización? En una sociedad donde los animales domesticados son agredidos tenemos que comenzar a respetar sus espacios y esa “animalidad” que los caracteriza, como seres racionales podemos crear un mundo menos hostil para las especies que se han convertido en mascotas, convirtiendo la relación de amo-mascota a una comunidad interespecie en la que se acepte que ambas partes son parte del mismo mundo.

La zooantropología, una deuda con los no-humanos.

Después de conocer la enorme deuda histórica que tiene el ser humano con los no-humanos es hora de buscar maneras para reconocer a las distintas especies con las que cohabitamos y de quienes –la mayoría­– de las veces dependemos. Una nueva rama de la antropología ha surgido entre controversias, la zooantropología.

Esta nueva forma de estudiar a los no-humanos se mantiene abierta a respuestas que hasta ahora son desconocidas para los seres humanos sin despreciar las distintas maneras de llegar a conclusiones y siempre poniendo al sujeto de estudio como el ente principal. Siempre inquiriendo que diría el otro si empezamos a hacer las preguntas correctas.

Vinciane Despret, 2016

Esta rama se encarga de estudiar las relaciones que existen entre humanos y animales, tomando a los animales como el sujeto principal, dándole el protagonismo y tomándolos como otro ser que existe y ha existido siempre a la par del ser humano.

Siempre fui consciente del maltrato animal porque crecí en una casa con perros, donde me enseñaron a pedir permiso incluso a las plantas para poder acceder a sus frutos y hojas, aunque contradictoriamente mi hogar fue un lugar especista donde se acariciaba y respetaba a algunos animales, pero se compraba los cadáveres destazados de otros para comer. Intenté ser vegetariana varias veces durante mi infancia, la primera vez a los 6 años, pero al no saber cocinar y al ser una niña no me permitieron tomar las decisiones que quería respecto al cambio de alimentación, aunque dejé de comerla de los 8 a los 9 años, luego me presionaron para volver a consumirla. Diría que finalmente a los 15 años conocí en el bachillerato a Karina, que es vegana, yo saqué de mi bolsa y sándwich de jamón y ella me cuestionó: “¿por qué te vas a comer el pedazo de un muerto?”, y esa pregunta me hizo conectar los momentos de mi infancia donde quise dejar de comer animales y ese día ya no me comí el sándwich ni volví a comer animales. Quizás no era propiamente consciente de lo que ahora sí, como la tortura en la que viven, hacinados, tragando sobre su mierda, deprimidos, enfermos, en espacios tan reducidos que caminan sobre los cadáveres de los animales que no aguantaron esas condiciones, pero sí era consciente de que no tenía derecho a consumir el cuerpo de nadie, como si fuera una cosa. Y de que los animales son alguien, no algo. Comenta La Vagabunda para darnos otra perspectiva sobre la convivencia de los animales y los humanos.

Si bien es cierto que cada persona percibe a los animales de una manera distinta, debemos comenzar a ser conscientes de las relaciones que tenemos con ellos para darles el lugar que les hemos quitado y quizás, después de avanzar con los estudios zooantropológicos, podamos convertir en el mundo en uno interespecies donde el lugar de cada quien sea respetado.


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